La confesión ayer de Alex Rodríguez, de que consumió esteroides cuando militaba con los Vigilantes de Texas, ha conmocionado a las Grandes Ligas y desatado una cacería contra el pelotero más excitante del béisbol, que siempre ha bateado por encima de 300 puntos, al menos 35 cuadrangulares y más de cien carreras impulsadas por temporada.
Si consternación ha causado la revelación de que el toletero estrella de los Yankees de Nueva York usó anabolizantes para mejorar su rendimiento cuando militaba con los Vigilantes de Texas (2001-2003), valiente ha sido su admisión de tan grave error, que atribuyó a su entonces condición de joven tonto e ingenuo.
Sin pretender restar trascendencia al consumo de esteroides admitido por Rodríguez, es preciso señalar que en el momento que lo hizo, el uso de ese tipo de sustancia no estaba expresamente prohibido por Major League Baseball, a lo que se agrega que durante los cinco años siguientes el toletero de origen dominicano ha mantenido un elevado desempeño ofensivo y defensivo.
El béisbol y otros deportes en Estados Unidos operan bajo influencia de intereses espurios que aplican normativas sobre control de dopaje con discrimen o privilegio, según sea Alex Rodríguez, a quien se intenta llevar a la hoguera, o Michael Phelps, el nadador que ganó ocho títulos en las Olimpiadas de Pekín, y quien acaba de confesar que usa y consume sustancias prohibidas, incluida marihuana. Y nada ha pasado.
Se acepta que el nombre de Alex Rodríguez sea extraído por la prensa estadounidense entre una lista de 104 peloteros que hace más de cinco años dieron positivo a la prueba de esteroides, pero resulta extraño que se aproveche la primera rueda de prensa del presidente Barack Obama para inquirir la opinión del mandatario sobre el pasado de ese pelotero.
Obama, quien obvió referirse a una pregunta anterior sobre la iniciativa de un senador demócrata de promover una investigación contra la administración de George W. Bush por ordenar o permitir torturas a presos en la cárceles secretas, consideró sin embargo, la valiente admisión de Rodríguez, como una noticia deprimente. No habló de Phelps
Los detractores de Alex Rodríguez en Estados Unidos carecen de calidad moral para lapidar a un pelotero de condiciones excepcionales, que dio un gran paso al admitir un error que atribuyó a su juventud y a la enorme presión que lo agobiaba tras firmar el contrato más jugoso en la historia del béisbol.
Es preciso llamar la atención de que la parafernalia periodística montada contra Alex Rodríguez coincide con su decisión de representar al equipo de República Dominicana en el Clásico Mundial de Béisbol, un pecado capital que no perdona el coro de fariseos que hoy reclama la cabeza del jugador más completo de las Grandes Ligas.

