Las comisiones de Industria y Comercio y Relaciones Exteriores del Senado han advertido que República Dominicana podría perder sus cuotas de azúcar y banano en la Unión Europea a causa de una campaña de descrédito contra el país que promueve el sacerdote Cristopher Hartley.
Ese señor viaja por el mundo para difundir la irresponsable versión de que aquí se promueve un tipo de esclavitud contra inmigrantes haitianos que trabajan en ingenios azucareros y plantaciones agrícolas.
A causa de esa campaña, la economía dominicana podría perder el acceso preferencial a los mercados europeos de azúcar y banano, dos renglones que reportan centenares de millones de dólares y emplean a más de 30 mil trabajadores.
Los senadores Charlie Mariotti y Prim Pujals han advertido que por la irresponsable campaña del cura Hartley, también se reduciría el flujo de turistas desde el viejo continente.
Financiado sabe Dios por quién, ese sujeto desdibuja el buen nombre de República Dominiana, una ex colonia europea, en cuyo territorio nunca se ha practicado la esclavitud, contrario al lado oeste de la isla donde, en vez de independencia, lo que se produjo en 1804, fue un acto de emancipación de esclavos negros contra esclavistas franceses.
Por la postura de temor e indiferencia asumida por el Gobierno dominicano ante los vómitos que sobre el honor nacional expulsa ese sacerdote, parecería que las autoridades admiten como buena y válida la vil empresa que promociona.
Ha llegado el momento de que Cancillería y Congreso asuman la defensa de la República e indaguen si las tropelías de ese sacerdote cuentan con el aval de la autoridad esclesial.
Por su condición de embustero y abusador, y porque desde el Estado nacional no se promueven politicas discriminatorias ni forma alguna de esclavitud, es menester enfrentar esa sucia campaña emprendida en Europa por un farsante con ínfulas de redentor. Falta saber, sin embargo, si esa campaña es del conocimiento de la Iglesia.

