La mayoría de los escritos de este tema, son de la autoría de José Gabriel García, y los otros míos, como buceador de acontecimientos gloriosos olvidados por gobiernos, intelectuales y parte de nuestro pueblo.
Florentino Rojas, fue el célebre tambor que tuvo la honra y el valor de tocar en la Puerta del Conde la noche del 27 de febrero del 1844, la diana histórica que despertó a la población que dormía tranquila a orillas del Ozama, para que, alegre y entusiasta, saludara con vítores a Dios, a la Patria y a la libertad, frases pronunciadas por primera vez por el mártir Francisco del Rosario Sánchez, y la bandera enarbolada con Ramón Matías Mella, junto a un puñado de hombres, entre los que estuvo, agrego, el valeroso Nicolás Alié, hijo ilustre de San Cristóbal.
Florentino Rojas falleció sumido en la pobreza, en edad octogenaria, olvidado, ocupando un lecho de caridad en el antiguo hospital de San Andrés, que a duras penas sostenía el insigne Padre Billini, con el auxilio de algunas personas piadosas y cristianas, porque así han fallecido y continúan extinguiéndose muchos de nuestros héroes anónimos, mujeres y hombres.
Ni la gloria de haber sido el primer tambor que llamara a los dominicanos a empuñar las armas por la Independencia, ni la no menos envidiable de haber sido el primer tambor que saliera con las tropas destinadas a ir al encuentro de los invasores haitianos, con cuyo motivo pudo repetirse en Azua para acobardar a Charles Hérard, la misma diana con que se le impuso al general Desgrote y sus satélites en esta ciudad, fueron méritos suficientes para que el tambor de Rojas pudiera sustraerse a la miseria y el dolor, compañeros inseparables de su existencia.
Florentino Rojas no murió como Sánchez fusilado por la horda santanista en San Juan de la Maguana, ni como Pedro Alejandrino Pina en miserable campamento, ni como Jiménez, bajo la bandera enemiga; Rojas murió como Perdomo, Acosta y otros más, en la miseria extrema y el olvido, murió peor, viviendo de la caridad pública.
Y, como expresa José Gabriel García, para que nada faltara en el ancho horrible de su penosa existencia, oscuros matices vinieron a entenebrecerlo más un domingo en la tarde en el momento de su llegada en la última morada, llevado al cementerio entre 8 a 10 hermanos de caridad, fue colocado por el sepulturero en una fosa que había desocupada, pero esa fosa tenía su dueño, que no tardó en reclamarla, y fue necesario volverlo a sacar de ella y ponerlo en un panteón abandonado y solo, mientras se hacía el hoyo en donde debía descansar para siempre. Que la tierra le sea ligera y que nada vuelva a tronchar su reposo eterno.
El 27 de febrero, hace 167 años, Sánchez enarboló la bandera dominicana arriando la bandera haitiana, Mella disparó el trabucazo y Florentino Rojas tocó el primer tambor independentista.
Esta historia también produce indignación ante tanta indolencia y olvido. Ojalá pudiéramos conocer algunos familiares de Florentino Rojas. Les ofrecemos nuestros teléfonos. 809-482-7082 y 809-528-7600.
Loor a los forjadores de la Independencia Nacional.

