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Felucho y el servicio exterior

Felucho y  el servicio exterior

Tiene muchísima razón Felucho cuando ve “abultadísimo el servicio exterior” y afirma que en el país “no existe una política de defensa efectiva en temas tan vitales como las relaciones dominico-haitianas”.

Además, con su propuesta de que los ministerios de Administración Pública y Economía, Planificación y Desarrollo, junto representantes de las tres principales universidades nacionales, hagan un estudio de las necesidades de personal del servicio exterior.

No creo, sin embargo, que la solución al problema del abultamiento esté en un estudio de las necesidades de personal del servicio exterior, creo que la razón está en el nombramiento de cuadros políticos, no calificados, en puestos que requerirían un altísimo nivel técnico y profesional, además, de una formación ideológica que les convierta en cuadros de la política exterior.

Menciona como ejemplo el tema tan vital de las relaciones dominico-haitianas, donde el país debería tener como meta la efectiva intervención de Francia en la solución del problema de la sobrepoblación en Haití y su masiva emigración hacia nuestro territorio.

El país necesita un equipo técnico, con solida formación histórica, que pueda sentarse con autoridades francesas, recordarles su responsabilidad y plantearles como alternativa la comprensión de la situación interna en Haití, vía el apoyo a la emigración de un millón de jóvenes haitianos, hacia Cayena, donde Francia posee un territorio mayor que Portugal con solo 250,000 habitantes. Si Chile, pudo recibir 750,000 haitianos en menos de dos años, muy bien puede Cayena, donde se habla creole y francés, recibir otro tanto, y dos millones de jóvenes trabajadores pueden sostener (como aquí) a por lo menos ocho más.

Además del problema técnico profesional de nuestros representantes en el exterior (y un cursito o dos de computadoras no son suficientes), está el del nombramiento de cuadros políticos que sustituyen a personal con experiencia y formación.

Siempre menciono el caso de Gilka Meléndez, con 30 años de experiencia en la ONU, quien fue sustituida como embajadora para proveerle un trabajo (como el mismo afirmara) al coordinador de la campaña presidencial de Reinaldo Pared. Ahora que él no es candidato me imagino que la Cancillería reconsiderara la injusticia contra Gilka.

Lo mismo pasa ahora con Miguel Mena, el más respetado intelectual fuera de estos lares, quien con permiso de su embajador, trabaja en las obras completas de Pedro Henríquez Ureña y fue cancelado en octubre.

¿Qué se hace con el salario de los 60 que han sido cancelados y por qué no se reduce la nómina con quienes son botellas pagadas en dólares, y no pueden justificar con obras?

El Nacional

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