Sé que no se estila declarar el amor en público, pero ¿cuál es el tiempo apropiado para decirle al otro, más allá de la absoluta necesidad del abrazo mañanero, que se le ama? .
Treinta años de convivencia después, creo que me he ganado el derecho de poder decirle a Fidelio que es lo mejor que me ha sucedido en la vida, desde aquellos primeros meses llenos de pena e incertidumbre (había muerto Frank Almánzar), donde me contaba las historias del 1J4 a la hora de dormir para combatir el más desgarrante de los insomnios; hasta su valiente decisión de asumir la vida con una poeta, cuando ser poeta en esta media isla de discursos que no se corresponden con la realidad amorosa de nadie, era ser sacrílego.
Cuando a las poetas se les reservaba para el rol de amantes, por aquello de que “había que mantener la familia” a todo costo y a toda costa, aun la del desamor, o las divinas infidelidades.
Creo que esa valentía es lo primero que me impresionó. A mí que estaba acostumbrada y dispuesta a pagar el precio de mi diferencia, comenzando con un pajón que con el de Paula Terrero fue el primero en este país, junto con el de Geo Ripley y Juan Bolívar, (entonces nuestros novios); isla desconocedora del legado de Ángela Davis y los Black Panthers, y patria de dos clases de hombres dominicanos: los aprovechados y los vacilantes.
Aprovechados relativamente, porque si una mujer es dueña de sí misma entra en su reino quién así ella lo disponga y cuando lo disponga a su propio riesgo. Vacilantes relativamente, porque no todo hombre tiene el valor de asumir una nueva vida, después que la ha planteado, por lo que ello implica a nivel social, del status.
Ahora todo lo entiendo y todo lo perdono, porque esas piedras en el camino fueron pavimentando el encuentro con un ser de otra galaxia, al que solo Silvio Rodríguez puede hacer justicia. Un hombre que sigue matando canallas con su cañón de futuro.
Confieso que no estaba preparada para el embiste de las mujeres, el cual también ahora perdono. Era su derecho amar en silencio, o aspirar acercarse al hombre más hermoso del país en todos los sentidos, y si algo no justifico es que persistieran (largo listado) en su afán, estando ya yo de por medio.
La regla número uno de solidaridad entre mujeres es no desear al hombre de tu prójima, y mucho menos acosarle.
Ahora, desde esta sabiduría todo lo entiendo y perdono, porque el amor es siempre lo que importa y de amor han estado rebosantes estos treinta años.¡Brindemos! ¡Salud!

