Con un plumazo Donald Trump revirtió 72 años de política comercial de los Estados Unidos. Al retirar a dicha nación del Acuerdo Transpacífico y llamar a la renegociación del NAFTA el mensaje de Trump es claro, el comercio de los Estados Unidos bajo su Presidencia estará enfocado al proteccionismo. Para un país como el nuestro cuyas exportaciones a Estados Unidos representan casi un 50% del total de las exportaciones, este giro de acontecimientos es grave. Ante esto República Dominicana debe plantearse una agenda comercial mucho más agresiva que incluya lograr los tratados de libre comercio (TLC) con Canadá y México, terminar las relaciones con Taiwán para iniciar el intercambio diplomático con China y ampliar drásticamente nuestros horizontes comerciales.
El TLC con Canadá es algo que se ha venido cocinando desde hace más de 10 años, permaneciendo en el limbo desde el 2009. Con un comercio bilateral cercano a los $1 mil millones de dólares anuales, Canadá es uno de los pocos países con el cual mantenemos un superávit comercial y constituye uno de nuestros principales socios. Con un Estados Unidos proteccionista en el horizonte, Canadá es una alternativa natural para nuestro comercio, el cual sería notoriamente favorecido con la firma de un TLC.
México por su lado ha manifestado su interés de establecer un TLC con nosotros en el pasado. Si bien la diferencia entre lo que importamos y exportamos de México es enorme, ese país constituye un mercado de 120 millones de personas de habla hispana que ha sido subexplotado por nuestros productores.
Los países latinoamericanos han venido perdiendo tiempo en espacios como el CELAC y el ALBA, y la expansión comercial en la región se ha limitado a un reducido puñado de acuerdos bilaterales. La República Dominicana se beneficiaría de forma significativa participando en una zona de libre comercio que incluya a los países latinoamericanos que actualmente son más inclinados a la apertura comercial.
México, Chile, Panamá, Costa Rica, Perú y Colombia junto a República Dominicana como punto de partida pueden constituir un mercado abierto de más de 230 millones de personas, lo suficientemente atractivo como para acaparar la atención de capitales que actualmente buscan alternativas a la incertidumbre en Estados Unidos y Europa.
Por último, las autoridades dominicanas están llamadas a replantearse el tema de China y Taiwán.
No existe la menor duda sobre las cualidades de Taiwán como socio comercial y diplomático para con nuestro país, y si bien sus aportes han sido enormes considerando su tamaño, también es imposible negar el costo comercial que enfrenta el país por no mantener relaciones diplomáticas formales con China.
Es un sacrificio que quizás más temprano que tarde debemos asumir.
La Presidencia de Trump ya está surtiendo efectos significativos en el mundo, y así como este está siendo notoriamente proactivo en impulsar su agenda, países como el nuestro no pueden darse el lujo de cruzarse de brazos a esperar. República Dominicana necesita una agenda comercial mucho más agresiva

