Opinión

Folklore político

Folklore político

A la zaga del placer epicúreo

La política y el teatro sirven inequívocamente al placer, en tanto comedia y tragedia a la vez. Denominador común que identifica lo que tienen de aprovechables estos medios.

El escenario político,  vívido y amplio difiere del teatro en varios aspectos. En éste están delimitados los roles de los actores, separados del público espectador, desde luego.

En la política, por el contrario, los papeles se confunden, destacables apenas en la diestra participación de los actores estelares, en este caso, de los líderes, dirigentes y candidatos. Los ciudadanos, electores ocasionales,  asisten a este espectáculo voluntaria e involuntariamente.

Las salidas cómicas y trágicas suelen trazar la pauta. Como, por ejemplo, un “llegó papᔠ mofado en “llegó Jaja”. Los comentarios derivados apuntalan el “debate” sacando ventaja, en las preferencias del electorado, a los asuntos nodales.

En el teatro, por igual, las frases célebres, más bien, jocosas o chocantes sumergen lo fundamental del drama en planos inferiores. En la política no puede ser diferente.

Las salidas desentonadas de un maestro de oratoria como Balaguer, llenaron espacios que los temas nacionales debieron ocupar. El morbo, la broma y la ignorancia como medios recurrentes para ganar simpatía y dar de qué hablar. Al fin y al cabo, de eso se trata.

Si afamados directores de teatro y de cine han reducido la calidad de sus producciones al propósito comercial de la obra,  ¿por que no iba a ocurrir así en una actividad pecuniaria como lo es la política?

Citando los evangelios de Jesús,  el teólogo Thomas Moore destaca el milagro del agua convertida en vino en las bodas de Cana y la Sana Cena como acciones lúdicas que marcaron el comienzo y el final de la vida terrenal de Jesús, dando consistencia a la fe cristiana, como factores asociados a los placeres epicúreos que no fueron ajenos al Hijo de Dios. Una doctrina no tiene que ser ascética y aburrida para ser efectiva. Por tanto, las ideas políticas tampoco tienen que serlo.

Un hombre de letras, como Bosch, acuñó frases y conceptos, puestos en boga durante décadas, formando parte esencial de la cultura dominicana.

Igual, son memorables las arengas de Peña Gómez relatando pasajes y anécdotas intrascendentes en un escenario académico o en foro científico. Pero calaban en sus atentos seguidores, poniendo en vilo a sus opositores. 

Vista de esta forma,  la política como el teatro durante siglos, forma parte del placer epicúreo, representando, por supuesto, un aporte al conocimiento y al estudio de nuevas formas de hacer políticas. El tema que dio origen a estos dos artículos dista de ser una evaluación deontológica y ética del ejemplo utilizado en la presente entrega.

El Nacional

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