Opinión

Fracaso de la cuota de la mujer

Fracaso de la cuota de la mujer

Con el mísero 19% de representatividad alcanzado por las mujeres candidatas en las pasadas elecciones, nuevamente se confirma la poca efectividad de la cuota del 33% que por ley se les ha asignado.

 Claro, la mayoría de los defensores de la ridícula cuota ya han empezado a propugnar que la misma sea aumentada, sin siquiera evaluar las verdaderas razones del porqué el 43% de las mujeres que se nominaron, perdieron.

 No quieren comprender que en la política, tanto como en cualquier tipo de actividad, es el trabajo y no el posicionamiento la clave del éxito.

 Ejemplos sobraron este 16 de mayo que demuestran la diferencia en resultados de los candidatos que obtuvieron su candidatura desde abajo, sobre los que la dirección del Partido se las reservó para regalárselas o para acatar la cuota.

 Las mujeres dominan las áreas de preparación académica; en lo profesional se les reconoce mayor honestidad, responsabilidad y organización, el aumento de su presencia en el área empresarial ha sido notorio y de forma constante se han venido destacando en las labores más técnicas y de gerencia al nivel público. ¿Por qué esto no se traduce de forma similar en lo político?

 Ante esa pregunta nos debe llamar la atención que no hay cuotas de admisión en las universidades, ni para iniciar negocios, ni para obtener empleos públicos y privados. Curiosamente, es donde existe la cuota donde siguen obteniendo resultados deficientes que no se corresponden con sus capacidades.

 La acción afirmativa ha sido el “gancho” más terrible que ha recaído sobre la mujer que pretende avanzar en política. Mientras muchos hombres empiezan a trabajar desde temprano en las bases internas para estar bien posicionados al momento de que se realicen las convenciones del Partido, la mayoría de las mujeres se enfocan en caer en gracia con la cúpula para que le asignen la candidatura. El problema es que a la hora de la verdad, nadie de la cúpula vota en sus demarcaciones.

 Quizás lo peor de todo esto, es que a pesar de que la cuota ha demostrado ser un enorme retroceso, hoy esta tiene carácter constitucional, haciéndole un mal que va a seguir pisoteando el avance de la mujer en la política por largo rato.

 A la fecha he hecho unos cinco artículos, incluyendo dos durante la reforma constitucional, advirtiendo el peligro detrás de estas cuotas. Hoy solo me queda decir “¡se lo dije!”. La mujer está condenada a pagar los efectos inexorablemente negativos de éstas, al punto de que si quieren algún día tener 50% de participación en cargos públicos, van a tener que imponer una cuota del 87% de las candidaturas.

Considerando el éxito demostrado por éstas en ambientes más competitivos que la misma política, es una pena ver que por voluntad propia la mujer se ha sacado de competencia dentro de los partidos antes que esta siquiera haya comenzado. Y sin incentivos para trabajar a lo interno, se han garantizado un eterno fracaso para proyectarse a lo externo, que es donde a final de cuentas se cuentan los votos y se eligen los representantes.

El Nacional

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