La Dirección Nacional de Control de Drogas (DNCD) ha denunciado que narcotraficantes locales, vinculados con José Figueroa Agosto, fraguan un plan para asesinar al jefe de esa agencia, mayor general Rolando Rosado Mateo, lo que hace más confusa y tenebrosa aún la historia sobre ese fugitivo y su entorno.
Como cabecilla del grupo que planearía la muerte del titular de la DNCD, se menciona a Ramón del Rosario Puente (Toño Leña), a quien las autoridades señalan como cabecilla de una red de narcos desmantelada hace poco en la zona Este.
Toño Leña, según la DNCD, dirigía una banda que recolectaba cocaína para transferirla a Figueroa Agosto, cuyo paradero se desconoce.
Es menester tomar muy en serio la denuncia sobre la trama para asesinar al general Rosado Mateo, en razón de que el organismo que dirige ha asestado duros reveses a un tipo de crimen organizado que pretende expandir su influencia por todo el tejido social.
Ejemplos sobran en otras latitudes donde el narcotráfico ha pretendido imponer sus designios mediante asesinatos de oficiales antinarco, fiscales, jueces, funcionarios públicos, en bacanales criminales que procuran atemorizar a las autoridades y aterrorizar a la población.
Aunque no parece que el innegable avance del narcotráfico haya colocado a República Dominicana en la situación de vulnerabilidad que padecen otras naciones, el plan para asesinar al jefe de la DNCD debería servir como botón de alarma.
Tal parece que con Figueroa Agosto las autoridades apenas penetran a un complejo entramado de tráfico de drogas y lavado de dinero, cuyos gestores y actores pretenden exhibir capacidad de asesinar e intimidar.
El general Rosado Mateo ha realizado un trabajo encomiable al frente de la DNCD, más aun si se toma en cuenta el grado de penetración que ha tenido el narco en propios estamentos oficiales. Hay que proteger y preservar su vida.

