Opinión

Frank Almánzar y Duarte

Frank Almánzar y Duarte

por: Chiqui Vicioso

luisavicioso21@gmail.com

Me causó mucha alegría descubrir que la exposición: “ Duarte, Visiones Colectivas”, del Centro León, estuvo dedicada al artista Frank Almánzar, quien fue, después de Urdaneta, quien más trabajó la imagen de Duarte en todas las vertientes. Frank, quien cumple 27 años de muerto este año, estudió grabado con el profesor español Sánchez Borayta, arte en la Unión Soviética, donde se familiarizó con la Escuela Alemana de Diseño Bauhaus, y en Roma. Fue él quien introdujo esa escuela en Bellas Artes, donde fue profesor durante décadas.

Casi se me sale el corazón del pecho cuando vi la obra “El peso de la vergüenza”, una réplica del Premio de la Bienal “In God We Trust”, donde Frank sustituye la imagen de un dólar por la cara de un George Washington disparando un revolver. En la papeleta de a peso de este joven se sustituye la imagen por el rostro de Duarte, una aplicación interesante de lo propuesto por Frank.

La obra de Sherezade García, que se llama “En Busca de una bandera”, es una actualización de la obra de Frank sobre el padre de la patria puertorriqueña Pedro Albizu Campos. En un tríptico, Frank inserta el rostro de Albizu en fragmentos de un dólar.
Alex Guerrero, en su “Duarte somos todos”, replica el método de Frank de crear las imágenes con números o letras, algo que aprendió de un profundo estudio del Puntillismo y en particular de Seurat, y que dio a conocer con un afiche dedicado a Freddy Valdez, fundador del Partido Socialista, del cual era miembro. Frank trabajo a Duarte con esa técnica, al igual que con barras y líneas, mucho antes de que existiera la computadora, o de que Cruz Diez o José Soto comenzaran a utilizar la misma técnica en su trabajo.

René de los Santos, con su “Duarte Diez” y Reynaldo García, con sus “Funditas Duartianas para políticos de hoy”, también utilizan la técnica del grabado para rendir homenaje al padre de la patria en su Bicentenario. Solo puedo imaginarme a Frank Almanzar mirando estas obras y sonriendo, porque su trabajo está dando frutos, y porque no se puede hablar de Duarte, los Padres de la Patria, Luperon, Cabral, o Sánchez, sin partir del trabajo pionero y constante de un artista de Salcedo que murió a los 39 años, víctima de una cáncer cerebral que nos lo llevo antes de tiempo.

Las otras obras nos sonríen y hay algunas que merecerían otro sitial para mejor apreciarlas, un problema de museografía que pudo aprovechar mejor los magníficos espacios del Centro León, pero que no desmerita este esfuerzo, que debería viajar a todo el país y en particular al Santo Cerro, patria chiquita donde mora Frank.

El Nacional

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