Editorial

Fuego con fuego

Fuego con fuego

El anuncio de  asociaciones de productores de Licey  al Medio, Santiago, de que  procuran  armarse para  enfrentar por su cuenta a la creciente delincuencia, refleja el elevado grado  de agobio y hastío de las comunidades  ante un flagelo en auge que  se expande como fuego en pradera seca.

No resulta de buen augurio que  ante el acoso de la criminalidad, las poblaciones se obliguen a  asumir papeles que  la ley asigna a la Policía, institución que carece de instrumentos básicos para  enfrentar el incremento de  crímenes y delitos, que además procura expulsar de su seno muchos delincuentes hoy a cargo de perseguir delincuentes.

El presidente de la Asociación de Pequeños y Medianos Productores Avícolas, Ambiorix Cabrera, dijo que  ante el elevado número de  acciones delictivas  que se registra  en la zona de Licey, los munícipes están resueltos a agenciarse armas de fuego para salir a combatir a los delincuentes, repuesta inadecuada que parece tomar cuerpo en muchas otras comunidades.

Las autoridades tendrán que agenciarse  buena dosis de calidad moral para  poder convencer a  los ciudadanos  de ese municipio de que Policía y Fiscalía  estarían en capacidad y voluntad de  garantizar el sosiego  colectivo ante  la ofensiva que ha desatado la delincuencia en términos de  asesinatos, atracos, asaltos, narcotráfico y  robo agravado.

Más que pretender apagar fuego con fuego,  la comunidad de Licey debería aplicar la fórmula que ha encontrado su vecino Santiago para  disminuir  la  criminalidad,  mediante  la creación de un  voluntariado ciudadano, que sin reemplazar a Policía ni Fiscalía desempeña un papel de activo colaborador en la ejecución de políticas y acciones  de prevención y combate a la delincuencia.

La botija

Difícil será para Gobierno, sector empleador  y centrales sindicales poder explicar y justificar el extraño reparto de diez mil millones de pesos acumulados desde  2004  por el Consejo de la Seguridad Social para  la Administradora de Riesgos Laborales.

El Gobierno recibirá  de inmediato unos tres mil,   de los cuales mil serían usados en la reparación y  construcción de locales del Instituto de Seguros Sociales y dispondrá a su mejor discreción de los dos mil restantes. A los empresarios se les aplicarán créditos por  seis mil 994 millones, pese a que se dice que sólo deberían  endosarse unos cinco mil millones.

Las centrales sindicales también  alcanzaron su tajada, al recibir unos 60 millones de pesos, con lo cual la botija quedó totalmente exhausta, sin posibilidad de crear fondos de reservas para accidentes laborales y peligro de que  la Administradora de Riesgos Laborales (ARL)  pase de bonanza a  déficit crónico.

Alguien debería explicar mejor tan extraño reparto, aunque sea para guardar las apariencias.

El Nacional

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