La fusión de Tricom y Orange bajo la sombrilla de su principal accionista, la empresa Altice, y su actual evaluación por parte del Indotel, genera un interesante debate sobre la competencia en nuestro país, y en especial sobre la concentración de mercado del sector de telecomunicaciones.
Para despejar las dudas, la preocupación más relevante transmitida desde el Indotel está relacionada a aspectos técnicos sobre el espectro radioeléctrico y la concentración de frecuencias inicialmente otorgadas a dos empresas distintas que ahora estarían operando como una.
A primera vista, esto no tiene un impacto relevante desde el aspecto de mercado y la competencia que resulte de importancia a los consumidores finales, y es algo más regulatorio y administrativo que eventualmente deberá ser trabajado tanto por el regulador como por la empresa.
La concentración de mercado, en la forma que es relevante para los consumidores, empezó desde la adquisición de Tricom y Orange por parte de Altice, la cual con el pasar del tiempo ha ido consolidándose.
Pero el mercado de telecomunicaciones no ha sido ajeno a este tipo de concentraciones, puesto que desde el monopolio de Codetel, su posterior venta a la empresa Verizon y luego su adquisición por parte de Claro, todo el sector ha sido altamente concentrado a lo largo de su historia.
Ciertamente la fusión de Tricom y Orange va a conllevar aún más concentración en el mercado de telecomunicaciones, pero también debemos estar conscientes que la concentración de mercado no es un mal en su propia cuenta.
Mientras los participantes del mercado mantengan una actitud adversarial en sus negocios y no incurran en prácticas que atenten contra la libre competencia como los acuerdos de fijación de precios, el abuso de posición dominante, barreras de entrada a nuevos competidores, etc. la concentración de mercado no implica por si sola un estado de anticompetitividad. Esta, en algunos casos, puede incluso inducir a mayor competencia.
No obstante lo anterior, la concentración de más de un 90% de un mercado como el de las telecomunicaciones en sólo dos empresas debe llamar la atención de nuestras autoridades, y estas deben movilizarse en reducir las barreras regulatorias, tributarias y de hecho que persisten en ese mercado que han impedido la entrada de más proveedores a un servicio que, en general, es percibido como deficiente por la mayoría de la población.
Por lo general el problema no va a estar en los actores del mercado, sino en las regulaciones, si queremos menos concentración de mercado empecemos por quitar las manos del Estado del pastel.

