Hoy se está realizando el I Congreso Caamañista y de él surgirá una original organización revolucionaria para contribuir a que Abril tenga futuro y la nueva democracia, camino al nuevo socialismo, sea colocada en el centro de la creación de alternativa a este poder podrido.
La visualización del futuro hay abrazarla la necesidad de superar este presente insoportable y destructivo.
La crisis mundial del capitalismo, incluido este capitalismo dependiente, es la peor de toda historia.
Ella ha potenciado la voracidad de la clase dominante-gobernante, empecinada en un enriquecimiento rápido y fácil a través de la especulación, el tráfico de influencia, los narconegocios y la depredación de los recursos naturales.
Las recetas neoliberales y las nuevas guerras de conquista han puesto en riesgo a la humanidad. En este contexto, nuestra querida Quisqueya está deteriorándose con riesgo de muerte. Lo de Haití es una seria advertencia.
Estamos ante la conversión del Estado en narcoestado depredador y ante la conversión de la partidocracia, el generalato y empresariado que lo administran, en una claque gangsterizada que se recicla dentro de un sistema electoral excluyente y viciado, que da razón al voto por ninguno.
Esa realidad ha sido constitucionalizada en una carta neoconservadora, privatizadora, garante del saqueo y la corrupción: mientras el sistema bipartidista pasa a ser un mecanismo gerenciado por dos grandes compañías por acciones, el PRD y el PLD; secuestradas por sus dueños, Miguel y Leonel, que las manejan como empresas.
Un escándalo reemplaza al otro: hace días Agosto y después Del Tiempo y su Torre Atiemar, Antes Quirino y la matanza de Paya. La Barrick y la Uni Gold, luego del fallido intento de la Cementera en Los Haitises, se proponen comerse nuestras entrañas y envenenar nuestras aguas.
Nada de esto se supera desde este sistema y estos gobiernos.
Hay que producir una ruptura política, potenciando indignación de la sociedad descontenta, como lo hizo Gloria, la mujer del pueblo que le dijo a Vincho y a Leonel lo que merecen.
Esto exige crear contra-poder desde un movimiento caamañista, socialista, clasista, feminista, juvenil, medio-ambientalista, que ayude a crear una amplia y diversa fuerza alternativa, impugnando con movilizaciones este decadente sistema político y procurando convertir la Constituyente Popular en una bandera nacional.

