Opinión

Geanilda versus Vargas

Geanilda versus Vargas

La participación de la mujer dominicana en la actividad política tiene en   Geanilda Vásquez a una representante comprometida con los mejores intereses de su partido y del país. Ya probada suficientemente en el dominio escénico, el manejo efectivo del discurso político y en la reciedumbre  que debe mostrar una figura pública que pretenda ganar un espacio señero de primer orden.

La presente crisis del PRD presiona, además de la unidad partidaria, la capacidad y el valor de sus dirigentes. La secretaria de organización ha sorteado la situación, inteligentemente, colocándose muy por encima del propio presidente suspendido, Miguel Vargas y del resto de la cúpula involucrada en el debate.

El errático comportamiento del liderazgo tradicional nos impulsa a revisar las ofertas políticas vigentes,  medrosas e ineficaces, dependientes apenas de grandes recursos para hacerse del poder, utilizado en el clientelismo y artificios mediáticos, todo a costa del Estado.  De ahí que el escenario sea ocupado por actores malos –falseados y sintéticos-, por lo tanto, carente de virtudes y valores.

Siguiendo de cerca el desempeño de  Geanilda hemos podido comprobar su sorprendente madurez política y sagacidad para mantener bajo control el conflicto, prolongado, distorsionado por la mostrenca decisión del Tribunal Superior Electoral [TSE]. Se revela en ella, indiscutiblemente,  la  superioridad emocional de las mujeres sobre los hombres, lo cual no es un invento mío. La literatura y la historia están llenas de ejemplos bien ilustrativos en este sentido.

Ha invitado a Vargas y comparte  a  ser prudentes y a entender que la fuerza del PRD descansa en los organismos, en sus dirigentes medios y de las bases, no en una sentencia interesada, evacuada con la intención de dividir y socavar la fuerza partidista más grande del país.  Empequeñecen esos “dirigentes” frente a la  consistencia de la secretaria de organización. Cuando Vargas le envía una carta para invitarla a una reunión y, luego, le niega la entrada a la Casa Nacional, le ha dado, una vez más,  la brillarte oportunidad de crecerse, como lo ha hecho.

A quienes tengan alguna duda sobre el indiscutible poder de transformación y cambio que ocasiona esta superioridad emocional, basta entender que las ideas no son más que emociones procesadas o dilatadas. Y el discurso de Geanilda, ahora más independiente que antes, franco y directo, inspira confianza y respeto, condiciones esenciales para que un líder político alcance sus propósitos, por  elevados que estos sean.

El Nacional

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