¿Qué Pasa?

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La presentación de la opera Cavalleria Rusticana, con el inigualable José Antonio Molina dirigiendo la Orquesta Sinfónica, no podría haber sido el mejor homenaje a los 38 años del Teatro Nacional.

Por otro lado, los amantes del bel canto no podrían haber recibido un mejor regalo con este acontecimiento, ya que hacía siete años que en nuestra primera sala cultural no se realizaba una ópera, un género de alta categoría que desgraciadamente estaba ausente de nuestros escenarios, principalmente por sus altos costos.

Para completar la experiencia como en las grandes capitales del mundo, Molina contó con la participación del Coro Nacional, el Coro del Poder Judicial e invitados especiales tanto del país como del extranjero, ¿Qué más se podía esperar? Que todos los meses se celebrara este aniversario para poder disfrutar de obras de renombre mundial.

Su autor, Pietro Mascagni, transforma un momento de la tranquila vida de una aldea siciliana en un melodrama que transcurre con una música inolvidable que se nos queda en la mente por horas después de salir del teatro. Es Pascua de Resurrección y el pueblo está celebrando el regreso de Jesucristo a la vida, después de pasar tres días en el más allá.

La sencilla escenografía que nos transportó a la aldea donde los personajes se van desarollando es para conmover hasta al más frío de los espectadores, como se pudo comprobar a través de los estruendosos aplausos con los que el público premió a los protagonistas.

Aunque en esta ocasión, Cavalleria Rusticana fue presentada en forma de concierto, el maestro Molina, quien si bien nació en la República Dominicana es un músico del mundo, fue el encargado de darle un aire operático al estilo de La Scala de Milán o el Metropolitan Opera House de Nueva York, templos indiscutidos de este tipo de espectáculo.

El tenor Eduardo Villa es el encargado de cantar una serenata de amor a la mujer de sus sueños, Santuzza, interpretada por la soprano Cynthia Lawrence, quien tiene serias dudas de los sentimientos de su pretendiente y se refugia en “Mamma Lucia”, encarnada por Glenmer Pérez.

También hay que destacar la actuación de la mezzosoprano Pura Tyson, complementando un elenco de primera.

Sin duda de que esta ópera quedará como uno de los momentos culminantes de la gestión de Nini Cáffaro, quien lleva sólo unos meses frente a la dirección del Teatro Nacional, y la sugerencia del director de la orquesta sinfonica Nacional José Antonio Molina para el montaje. Es un dúo que sin duda continuará brindándonos satisfacciones culturales las que disfrutamos a plenitud.

El Nacional

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