El mes de noviembre ya está marcado en la agenda nacional e internacional al ser designado el día 25 como Día Internacional de la no Violencia contra la Mujer. La conciencia de que este tipo de acto es un abuso, y un crimen, acrecienta la visión de que no debe tolerarse, ni verlo como algo natural, pues con justificada razón ya se entiende que esta es una de las violaciones más extendidas y selectivas de los derechos humanos.
Tal conciencia se ha abierto a una parte importante de la humanidad femenina y masculina que ha hecho sacudir instancias judiciales, y ampliado el abanico de medidas y estrategias de prevención.
La violencia de género es una práctica asidua que se sustenta en una ideología que postula la inferioridad de la mujer frente a la “creída” superioridad del hombre.
Esta mala práctica tiene arraigo cultural, familiar, social, y para erradicarla sustancialmente hay que trabajar esa mentalidad formada y justificada a través de los llamados “Aparatos ideológicos del Estado”, sin embargo, urge también que se haga mención de otras formas de violencia, incluida la que viene del Estado, y se aplica contra la mujer que tiene compromiso con una causa determinada. Esto es digno de resaltar e impugnar.
En función de ese razonamiento entendemos que, aunque en cada noviembre se exponen estadísticas, análisis y propuestas para hacer disminuir violencia de género y la violencia intrafamiliar, igual hay que poner énfasis en todas aquellas mujeres que han sufrido, y sufren esa violencia que no es violencia de pareja, sino del ejercicio intolerable de Estado, a través de gobiernos represivos, antidemocráticos y totalitarios, que solo escuchan sus razones. La violencia de Estado hace semejante al hombre con la mujer, siempre y cuando esta se interponga en sus planes o sus intereses.
Esta es una realidad que debe ser bien entendida por las mujeres. Las militantes políticas, patrióticas, de movimientos sociales, saben de cuántas formas puede violentar el poder político. En República Dominicana, un caso que nos marca es el de María Trinidad Sánchez, la heroína del movimiento Febrerista/ Independentista, que en febrero del 1845 fue mandada a fusilar por orden del presidente Pedro Santana. Reivindicar a esta mujer por su resistencia ante el poder abusivo y desmedido, debe ser responsabilidad principal de las mujeres, reclamando su sitial como madre de la patria.
De igual modo el asesinato de las hermanas Mirabal también fue un crimen de Estado cometido en 1961, en el ocaso de la dictadura de Rafael Trujillo Molina, y si Evangelina Rodríguez hubiese sido una mujer complaciente con el poder político en manos del dictador, no hubiera terminado su vida como la describe su biógrafo Antonio Zaglul.
Por: Melania Emeterio
lidiamelania@claro.net.do

