En una fiesta inolvidable, de esas que solo saben organizar Laura Faxas y su maravilloso compañero Erik y, donde siempre se junta lo bello que va quedando del país, la resistencia de la inteligencia lo insólito cotidiano…nos reencontramos con Colombo.
Primero comenzamos a protestar porque ha abandonado su columna, uno de los pocos destellos de ironía y brillante sarcasmos que nos hacían sonreír matutinamente y, a relatar otras anécdotas desconocidas para el gran público que nos lee.
Cuando llegué al país, con un pajón copiado de Angela Davis y su Black is Beautiful y, el vestuario de la más admirada de mis personajes dramáticos contemporáneos: Diane Keaton, que en paz descansa y, ni hablar de mis ilusiones con el devenir de la nación; tuve la suerte de conocer a Magaly Caram. Y a través de ella, claro, a Colombo.
También la suerte de ser contratada como directora de Educación y Entrenamiento de Profamilia, labor que compartí con Rosa Rita Alvarez, que en Santo Domingo Este dirigía el programa de adiestramiento (mal título) de la juventud en temas de planificación familiar.
Lo primero que Magaly me dijo fue que me contrataba, a pesar de mi pinta “hipesca”, que tendría que transformar con un corte de pelo y trajes apropiados para una directora de lo que fuera en este país, porque necesitaba transformar el modo de acceso a las mujeres donde no habían podido penetrar, habla, claro, de las trabajadoras sexuales, entre otras cuya historia me reservo para otros artículos.
Hay que ver cómo se les ayuda con el tema de las enfermedades de transmisión sexual y el acceso a métodos de planificación familiar y, para eso, desde luego, hay que contactarlas y conversar con ellas.
Cuando le plantee el desafío a Colombo este me dijo que conocía ese mundo al dedillo porque se había “criado en él”, porque una tía, donde vivía, tenia un bar en la parte alta. Y comenzó a asesorarme.
Lo primero, dijo, es que tienes que parecer “un cuero”. Nada de faldas largas, y bufandas, y bultos de cana. Jeanes apretados, camisas apretadas, mucho maquillaje y pelo desrizado.
Solo, que no me advirtió sobre el lenguaje, algo que enfureció a doña Herminia cuando le pregunté “Cuáles eran las reglas de admisión de su establecimiento”; y algo que me apartó de las otras “cueros”, pues como descubrimos “los cueros”, hoy trabajadoras sexuales, “no usan lentes”.
Cuando logramos conversar con una, nos dijo que el único lugar para realizar nuestro trabajo eran los salones de belleza aledaños a los prostíbulos y para allá fuimos, creando el programa más exitoso para esa población hasta hoy.
Ventajas de la miopía y, experiencia Colomb/iana.

