En nuestro país, el común de la gente vivimos en la indefensión aprendida por años – al menos unos 50- a vivir de sorpresa en sorpresa y de escándalo en escándalo, proporcionadas por la clase que nos gobierna y la sociedad política en general que, desde ese tiempo es la misma, o son familia.
Y no es porque no sepamos que somos víctimas de las más abyectas manipulaciones, ya que nos son informadas con nombres, apellidos y pruebas de los desmanes, por periodistas independientes que nos advierten periódicamente y a quienes no han podido atemorizar a pesar de que si lo han intentado.
En los últimos 50 años el ejercicio democrático dominicano de quienes nos gobiernan y de sus partidos, es de total mangoneo y además, machista, autoritario, tramposo, corrupto, inmoral, dicotómico y muy tóxico para un par de generaciones que crecieron en esta realidad demoledora, que hoy muestra resultados tan negativos.
En todo este tiempo, nada ha cambiado en la filosofía de control del poder de la Nación y aunque se refute que ha habido cambios económicos que permitieron diversas construcciones para el bien común, la estructura para el ejercicio democrático, es la misma cosa: una cultura corrompida por el continuismo clientelar organizado no ya en partidos, sino en sagas familiares y allegados.
En medio siglo, con mayor o menor intensidad, hemos tenido gobiernos con alto porcentaje de características autoritarias, tales como manejo de la información desde los medios y a través de la “compra” del periodismo sin escrúpulos; dominio de un solo partido político que se vale del trasfuguismo, la negociación y las transacciones para prevalecer; apoyo selectivo a grupos de poder económico y simbólico religioso; manipulación de la Constitución para obtener ventajas; justicia dependiente del poder; restricción de las libertades individuales violando los derechos humanos; mal uso de los recursos del pueblo; etc.
En menos de un año, vimos con incredulidad la imagen de una justicia manejada a conveniencia, inoperante y arbitraria, atrevidamente acomodada para encubrir y mantener la impunidad del poder, mientras una serie de acciones, descubiertas por las nuevas tecnologías de la información, nos acaban de mostrar la gravedad de la interrelación y correspondencia entre ese poder y la alta delincuencia.
¡Frente a la lista inmensa de candidatos y candidatas que aspiran a puestos de poder en estas elecciones que se aproximan, para elegir tantos funcionarios y funcionarias, en un sistema que no se modifica y mantiene las viejas mañas politiqueras, en verdad, aquí, hay mucha gente asustada!

