Opinión

Ginecología actualizada

Ginecología actualizada

Al escuchar las palabras de González Brache creyó en la resurrección.  Su padre  falleció hace tres años,  por el vacío de la muerte, soñó que había tomado prestado el cuerpo del doctor.  “Cójalo con calma doctora, la vida nos da muchas oportunidades, estoy seguro que le va a ir bien, tranquilícese, lo que parece hoy un grave problema, mañana lo entenderá”.    Lloraba desconsolada, ¿dios mío por qué a mí?  Su entonación suave y cálida la confortaba, le recordaba cuando era niña y le negaban el permiso para salir, “vendrán otras fiestas”, era un no, aceptado de buenas formas, quizás por la serenidad de sus palabras.  A fin de cuenta se sentía  protegida,  no estaba sola, papi no se fue.  

Como director médico del Centro Médico UCE  González Brache vivía  en el recinto,  aquel hombre de abundante pelo blanco, encorvado por el calendario formaba parte del ornamento.  Le llamaba la atención su caminar, lento y seguro, como el que sabe exactamente dónde va y cuándo  llegar. “Doctora, no corra, hay tiempo para todo en la vida”, decía al verla intentar volar entre un piso y otro.  La presencia del doctor González Brache  en el panorama, impregnaba paz, en varias ocasiones se preguntó, ¿el doctor debe ser cura?,  le recordaba los obispos de las películas mexicanas, pero no, no podía ser, el doctor tiene hijos.  Wikileaks tiene más santos que desvestir.

Su paso no dejaba marcas en el piso de cerámica recién lustrado, no caminaba, flotaba.   Guardo sus huellas para las aulas de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD) donde impartió  docencia por más de treinta años.  Sus vestigios están allí y dispersos por el mundo de la mano de las y los médicos que nuestro sistema de salud ha expatriado.   Obtuvo los más altos galardones,  Profesor  Meritorio de la UASD, Fundador y Presidente de la Sociedad de Gastroenterología.  Cuando nuestro país escriba  la historia de  patologías digestivas, de la gastroenterología, Leopoldo González Brache tiene un capitulo.

Somos el resultado  de nuestras acciones.  Por azar del destino, o como dice el doctor Ángel Castillo, por diosidencia,  quince años después vuelven a coincidir.  Sus encuentros son cordiales, respetuosos, por la rabadilla del ojo se le escapa la alegría. Son abrazos implícitos.

 Partió un gran hombre,  un gran médico, terminó su jornada.  Sentidas condolencias a la familia y amistades.  Doctor González Brache, gracias, cariño y admiración, todavía le retumban sus palabras. “Has bien y no mires a quien”.   Paz a sus restos.

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