Asistir al IV Congreso Internacional Música, Identidad y Cultura en el Caribe El jazz desde la perspectiva caribeña es todo un privilegio que gran parte de la población dominicana ni se entera que ocurre.
Disfruto la música como un medio para elevar el espíritu, para refirmarme, mas no soy una experta. En el Centro León de Santiago estamos de fiesta celebrando y expresando lo que somos, afrodescendintes.
A pesar de todas y todos tener el negro detrás de la oreja, existe un interés político en no reconocernos como isla, además de estar poblada de afrodescendiente, desde la era colonial, blanquearnos es el objetivo. Las y los dominicanos, respaldados por una cultura de alienación no se reconocen a sí misma, La afrodescendencia solo vende en revistas exóticas, como cosas raras. Reverenciar nuestras exponentes de música autóctona es un atrevimiento. Parafrasendo a Xiomara Fortuna, una fiesta de palos, gaga, guloya en el parque la Lira es boicoteada por la Policía Nacional.
El Jazz es el lamento de los afrodescendientes, es una expresión de dolor, de represión. Cuando el pueblo hermano de Haití logra abolir la esclavitud en los Estados Unidos se prohíben los tambores, las y los afrodescendientes aprenden a expresar con instrumentos europeos sus lamentos, sus ritmos, nace el jazz.
El Caribe solo tiene el 1% de población mundial pero domina el 80 % de los ritmos musicales. La música comercial esta tintada de los compases que surgen de la gran amalgama de razas que convergen en el Caribe, siguiendo la ruta de esclavos. País que no recibió negritud, es país que se quedo sin ritmo, por eso la cuenca del Caribe, Brazil, y New Orleans son las potencias musicales del mundo y cuanto darían países como Japón o Chile por tener ritmos como la bomba y plena de Puerto Rico, la cumbia y ballenato de Colomibia, la timba y el son de Cuba, y el merengue y la bachata dominicana.
El jazz ha crecido en los polos turísticos dominicanos, donde nuestros ritmos nacionales, fusilan las melodías internacionales en el contexto improvisatorio del jazz. En las últimas décadas Santo Domingo y Santiago tienen un importante movimiento de jazz con jóvenes músicos necesitados del apoyo del Estado. Basta ya de de continuar protegiendo el eurocentrismo, negando lo que en un mundo globalizado somos capaces de contribuir y competir, nuestra música. Es hora de hacer un conservatorio de música autóctona, no en decretos, se requiere un compromiso respaldado con presupuesto, para que las niñas y niños estudien nuestra música y dejen de pedir en los semáforos o prostituirse.
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