Opinión

Ginecologia actualizada

Ginecologia actualizada

Dicen que murió envenenada, yo se que murió intentando abortar

El día de la resurrección de Cristo nos sorprende con  la muerte de Ana Reyes de la Rosa, una mujer en ciernes.

La menor de edad falleció luego de recibir de su padrastro una  poción para abortar (Guanibre), como reportó desde San Juan de la Maguana Manuel Espinosa, de El Nacional.

Anita  había sido violada de forma reiterada por el padrastro, que la embarazó.  El mismo destino de miles de niñas pobres, ante los ojos de todos y todas, enceguecidos por la ignorancia y la indiferencia, y ahora obligados a resignarse ante estos oprobiosos hechos por el artículo 37 la Constitución de la República.

Las y los responsables del fatídico artículo ese consagraron que “la vida es inviolable desde la concepción hasta la muertes”.

Pese a tal monstruosidad, puesta en ese papel por el Poder Ejecutivo, el Poder Legislativo, el partido oficial y los legisladores del PRD, acicateados por el clero, no han logrado impedir la interrupción del embarazo.

Los abortos han reforzado un arma de extinción de mujeres pobres y, tal como se le advirtió a los estultos responsables de tal mamotreto constitucional, se han incrementado las muertes por aborto. 

Penalizar el aborto mata niñas y mujeres pobres, no salva vidas.

El aborto pasa también por el clasismo, componente ideológico del sistema que genera prioridades y privilegios. He aquí la manifestación clasista: las cifras de mortalidad materna por aborto crecen y crecen exclusivamente en niñas y  mujeres pobres.

La vida de Ana Reyes de la Rosa y de muchas mujeres de nuestro país, que mueren por la penalización del aborto y por ser pobres hubieran podido ser salvadas.

El aborto existe y va a continuar existiendo, a pesar de su estúpida prohibición.

Las cifras de abortos que llegan a nuestros hospitales son la más evidente demostración de la ineficacia de la legislación que penaliza el aborto.

Ana, al igual que muchas niñas y mujeres tenía derecho a la vida. Sin excluir al padrastro que la violaba desde niña, el Congreso Dominicano, el Presidente de la República  y  los defensores del nefasto artículo 37 son responsables de su muerte; el silencio delata la complicidad.

La hipocresía burocrática consagró, en el informe médico forense, que su muerte “ha sido por intoxicación”, debido al brebaje que le obligó a tomar el monstruo que la preñó.

Parafraseando unos versos de José Martí, la niña de San Juan de la Maguana no murió de frio, sino por intentar abortar en un país donde las mujeres pobres mueren de causas evitables. 

DiagnosticoRD.com

El Nacional

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