Soy reincidente, soy persistente, vivo con la desigualdad y estoy en contacto con la vida. Carolina no comprende por qué insisto en defender la educación sexual, el acceso a la anticoncepción y del derecho a interrumpir un embarazo. -Tía, las jóvenes se embarazan porque quieren. Hay muchos métodos anticonceptivos, me comenta con la inocencia o ceguera de vivir en una cápsula, sin contacto con nuestra realidad, con la pobreza. Cariño mío, fuera de tu escuela, de los centros comerciales y de tus amigas hay una República Dominicana que malvive, a la que se le niegan los derechos humanos.
Mientras el mundo considera los métodos anticonceptivos como herramienta imprescindible de la salud y el desarrollo de la sociedad, en República Dominicana el Poder Ejecutivo niega a la población el acceso a métodos anticonceptivos económicos, no los considera medicamentos esenciales. El acceso a los métodos anticonceptivos es un derecho que no admite excepciones. En nuestro país, las farmacias financiadas con los impuestos de todos, Promese Cal, las farmacias del pueblo, no ofrecen anticonceptivos. Los gobiernos del PLD abrazan la doctrina católica y niegan a la población el derecho a planificar los descendientes.
Es más económico y rentable invertir en prevención. A pesar de estar demostrado que los métodos anticonceptivos evitan los embarazos en adolescentes, los abortos y las muertes maternas, además de infecciones de transmisión sexual dentro de ellas el sida, el Ministerio de Salud prefiere solo invertir en aplicar políticas de atención a la embarazada sin tocar las causas. La Iglesia Católica se opone al uso de anticonceptivos, y están en su derecho. A pesar de ello muchas católicas los utilizan, pero que el Ministerio de Salud se niegue a ofrecer anticonceptivos dentro de ellos el preservativo y píldora de emergencia en las Farmacias del Pueblo, no tiene perdón de Dios.
Cuando demandar el derecho a educación sexual y acceso a métodos anticonceptivos deje de ser un atrevimiento, los límites entre la política y la religión estarán claros. El Poder Ejecutivo en genuflexión a la jerarquía de la Iglesia Católica niega a toda la población de escaso recursos el acceso a anticonceptivos y condones. ¿Hasta cuándo? Las restricciones no funcionan más que como una forma de perpetuar la desigualdad. No hay justicia en eso. Citando a Garzón: El tribunal del hombre, decía Kant, es su conciencia. La mía está tranquila
Mientras respire soñaré y trabajaré por un mundo menos desigual, como el que tiene Carolina y he tenido yo. Mi existencia no tiene sentido si no es para compartir.
www.lilliamfondeur.com
Dra. Lilliam Fondeur

