Pensaba que lo peor que le podría ocurrir a una persona en nuestro país era ser mujer, pobre, haitiana y vivir con el VIH/SIDA. Con el tiempo he aprendido que puede haber algo peor: que esta persona tenga deseos de crecer, lo cual es imperdonable para los defensores de la superioridad de la raza. Roldine Lindor, joven haitiana cometió el grave error de emigrar al otro lado de la isla. Tenía deseos de salir de la pobreza, de progresar. Se sentía con fuerzas y hasta derecho de formarse un destino diferente. Estudiaba ingeniería de sistema en UTESA, gracias a su padre que había emigrado a Estados Unidos.
Por ser una joven, sola, de 21 años, huérfana de Estado, Rafael Alberto Arias García, raso de la Fuerza Aérea Dominicana (FAD), y Eddy Starlin Mendoza Ramos, decidieron violarla, robarle y luego acuchillarla. Siento que ser haitiana puede ser un detonante para tal bestialidad. Para las autoridades el crimen de Roldine Lindor no es feminicidio, no lo cuentan como tal. En definitiva, la mataron por ser mujer, joven, desprotegida del Estado y pobre, ¿o no?, ¿quizás la mataron por ser haitiana?
La feminización de la inmigración es un hecho relevante. Mientras los movimientos de capitales disfrutan de total libertad y se mueven sin trabas en el mundo, las migraciones se suceden con peligro de exclusión y xenofobia, mostrando la cara más hipócrita de los legisladores y políticos y las consecuencias más turbias de la explotación sobre las personas a las que no se les reconocen sus derechos.
La xenofobia es el odio al extranjero, con manifestaciones que van desde el rechazo más o menos manifiesto, el desprecio y las amenazas, hasta las agresiones y la muerte. En Republica Dominicana, como el resto de occidente, los grupos de ultraderecha son los que alimentan y promueven el racismo. En nuestro país existe un contubernio entre estos grupos y la élite de los medios de comunicación quienes refuerzan el antihaitianismo.
Lucrecia Pérez Matos de 33 años fue una inmigrante dominicana en Madrid, víctima de un asesinato racista, el primero que se reconoció como tal en España. Hoy se ha convertido en un icono de la lucha contra la xenofobia y el respeto a los derechos humanos de las y los inmigrantes. Lucrecia y Roldine salieron de la misma isla, expulsada por Estados que no le ofrecen posibilidades de cambiar su macabro destino. No contaron con el odio a las mujeres inmigrantes. ¡Ojo la xenofobia es un delito!
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