Santa Claus no pasó por Padre Las Casas, quizás le llego la noticia de que han asesinado a Nayeli. Su lugar en la mesa está intacto, en este pueblo a los pies de la montaña, no es Navidad.
Nayeli, la niña, la alegría, la menor de cinco hijos del matrimonio Rivera Delgado salió al colmado la noche del sábado 11 de diciembre de donde nunca llego. Luego de una noche en vigilia, de búsqueda desesperada, al ponerse el sol, escudriñando los matorrales, un jornalero descubre el cuerpo magullado de la niña que se empañaron en hacer mujer, y luego devoraron.
Nayeli fue violada y luego ultimada, cuanta furia contra una mujer en ciernes, a sus escasos 8 años le cortaron las alas, el aliento de vida. ¡Cuánta maldad!
EL pueblo de Padre Las Casas no tiene miedo, se tiro a la calle a exigir justicia, a los responsables de este horroroso crimen. Las autoridades han tomado cartas en el asunto, luego de detener tres sospechosos, apresaron un joven con problemas mentales. Cualquier parecido con la película de Ángel Muñiz, Ladrones a domicilio, no es casualidad.
El pueblo que salió a buscar su niña, que demandó a las autoridades cumplir su trabajo ponen en duda que el detenido en la cárcel de Azua haya cometió el delito solo. La soga siempre corta por el lado más estrecho.
Gracias a la cultura de impunidad existente en el país, la familia, amigos y el pueblo desconfían del Poder Judicial, sospechan de que todo no está dicho. El Ministerio de Azua tiene la oportunidad de hacernos creer en la justicia, ofrecer confianza en la institución.
No hay democracia cuando la mitad de la población es sujeto de violencia. Mientras las niñas y mujeres sean asumidas como una cosa para usar, oprimir y tirar, no hay democracia posible. El feminicidio es la expresión extrema de la violencia hacia la mujer. En la postrimería del presente año las cifras de feminicidio son inaceptables, superado el año anterior, nos acercamos a las 200 mujeres asesinadas sin importar la edad, desde recién nacidas, a ancianas, solo por ser mujer.
Con 8 añitos a Nayeli la esfumaron, su horrendo crimen es un llanto que corre por el rio, donde Nayeli disfrutaba el placer de vivir, no contaba con la cultura de violencia hacia la mujer.
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