Opinión

GLTB

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Con retraso, como muchas otras cosas, en el país se ha organizado el Movimiento GLTB, el cual agrupa a personas gay, lesbianas, transexuales y bisexuales, cuyo surgimiento, como era previsible, ha hecho erizar la epidermis de una sociedad que no se inmuta ante auténticos actos de depravación y latrocinio, pero se escandaliza por el hecho de que alguien tenga una preferencia sexual que se aparta de sus parámetros. Es el reinado de los diseñadores y ejecutores de una moral social convenenciera, hipócrita  y caduca.

El Movimiento auspició una actividad pública y, pese a haber cumplido con las disposiciones establecidas, participantes en la misma fueron vejados por los agresores de siempre, los que conciben la democracia cuando coincide con sus posiciones e intereses y activan su atropello sólo contra los débiles.

En otra muestra de intolerancia, días después apareció en un matinal gratuito una columna escrita a partir de una actitud homofóbica, que intenta cualquierizar el tema, lo cual es inaceptable por su trascendencia en el ejercicio de ciudadanía. El texto pretende justificar que los derechos deben ser reconocidos en función de la cantidad de los reclamantes. Una tontería que no amerita ser considerada. Los derechos son inalienables y, máxime si tienen rango constitucional, deben acatarse y aplicarse aun sea a una sola persona.

Ahora bien, al margen de este panfleto, es hora de que sectores sociales minoritarios y marginados reflexionen sobre los mecanismos a los que se está recurriendo para llamar la atención y exigir derechos que no pueden ser conculcados.

 No me parece que exponerse como niños malcriados y apelar a la exhibición desenfrenada de hábitos, preferencias y opciones que simplemente lo que hay que hacer es ejercerlas, no degradarlas, muy poco contribuye a la necesaria comprensión de una circunstancia que nos debiera interesar a todos.

No se adiciona valor por el hecho de colocarse con la pareja en la vía pública a expresarse amor con la intención de convertirse en un desafío ridículo a quienes limitan y cercenan derechos. Eso carnavaliza algo muy serio.

Otros mecanismos pueden ser más eficaces y, sobre todo, es hora de visualizar la problemática con mayor sentido de integralidad y comprender que esta sociedad mejorará en todas sus variables si la estremecemos de arriba a abajo y rompemos el círculo perverso que la convierte en una caricatura, donde quienes asumen distintas opciones sexuales no son más que víctimas, como otras, de sus iniquidades.

El Nacional

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