Yo me encontraba allí la tarde del día de las Mercedes celebrando en el hotel Paz (Hispaniola), el cumpleaños de mi hermano Bolívar, escogimos el lugar buscando pescar los encantos de las muchachas del Ballet Folklórico del Instituto del Seguro Social de México, una especie de embajada cultural presidida por el gran comediante Mario Moreno Cantinflas que trajo el presidente Bosch en su regreso triunfal de su visita a la nación Azteca, condecorado por su homólogo Adolfo López Mateo.
Logramos sentar en nuestra mesa 4 bellas doncellas 4 a 4 empatados por sus comensales Ángel Rafael Toca, Fernando Meriño, Fulgencio Espinal y el homenajeado Bolívar Espinal, departimos entre tragos y picaderas, cuando llegó el Presidente Bosch acompañado de su edecán, general Calderón Fernández, y una reducida escolta de seguridad local; nos pusimos de píe y las 4 doncellas se excusaron porque estaba programado el almuerzo con el huésped dominicano.
Fernando Meriño comentó ¡que vaina! perdimos estas mujeres, esto anda mal, los gorilas de San Isidro están conspirando para derrocar el gobierno y aquí no se sabe lo que pueda pasar en cualquier hora , entrando en la pasión de la discusión política; apenas hacía unos días que la oligarquía había salido con éxito de la huelga patronal con el cierre total del comercio y los centros fabriles y el Periódico del Aire de Rafael Bonilla Aybar hablaba de una nueva huelga que pondría al gobierno en la cuerda floja. En aquel torbellino de agitación nos lamentábamos que el sindicato de empleados de la CDE, influenciado por las izquierdas, realizara la huelga de apagones, ignorando el llamado no hacerle juego a la conspiración ultraderechista que le hizo Manolo Tavárez, líder máximo del 14 de Junio.
Yo sabía más sobre la conspiración, pertenecía a la promoción de formación política auspiciada por el Centro Interamericano Democrático de Estudios Sociales (CIDES) dirigido por Sacha Volman, el consejero estratega del presidente Bosch, nacido en Rumanía, nacionalizado norte-americano, con oficinas en el Palacio Nacional y coordinador de esfuerzos anti-golpistas, sometido a la campaña demoníaca de agente comunista difundida por el Periódico del Aire, la cadena radial que agitaba con los mítines de Reafirmación Cristiana bajo la consigna de ¡Viva Cristo Rey! y ¡Abajo el Comunismo!.
Yo estaba percatado de la gravedad de la situación, sabía que un oscuro coronel llamado Wessin y Wessin encabezaba un grupo de cruzados anticomunistas fanatizados por los cursillos de cristiandad del capellán Marcial Silva contra la Constitución Materialista, y me quitaba el sueño la visita del contralmirante Fawrrel, jefe del comando Sur norte-americano en Panamá, promoviendo la guerra fría y el anti-comunismo en la camarilla de San Isidro.
Fernando Meriño debutaba como un combatiente anti-golpista y al notar mi silencio me increpó mi indiferencia en la temática.
Tenía gran razón, yo no quería opinar, me sentía muy feliz e ilusionado viviendo la primavera de la libertad, no quería amargarme el momento que enturbiara mi felicidad.
Cuando de pronto vimos que a la velocidad del rayo llegaron Sacha Volman y el embajador norte-americano, John Bartlow Martin, pasos marciales por el amplio pasillo, penetrando al comedor donde departía el Presidente Bosch.
Al ver a Sacha Volman sentí el peligro y me dirigí donde el capitán escolta Bambino Vásquez Caamaño, a quien conocí en Loma de Cabrera, en la Legión Extranjera y le merecía confianza para saber su impresión.
Él respondió los hijos de Ramfis Trujillo de San Isidro se consideran intocables, pero tendrán que enfrentar el pueblo gesticulando firme su ametralladora, esperó de pie que saliera Bosch, acompañado de Martín y Volman; el presidente se detuvo a saludar un señor de la servidumbre y le exclamé: Dios bendiga al presidente. Me extendió la mano reconociéndome. ¿Cómo estás Espinal?, dijo y siguió su ruta.
De vuelta a la mesa, Bolívar, Fernando y Ángel Rafael, me tributaron con la expresión eres un líder, te reconoció el Presidente.
Yo seguí preocupado por el destino de Bosch. Se apartaron de la ciudad y se fueron a reunir a la antigua casa de Flor de Oro Trujillo, frente al litoral del mar Caribe, residencia perteneciente a Volman, quien se la puso fuerte a Martin: Usted puede evitar el golpe si va a San Isidro y le pone claro a esos sediciosos que el gobierno de los Estados Unidos rechazará de tajo el golpe de estado que están planificando.
Pero Martin acusó a Bosch de haber sido flojo en el manejo de la crisis, exigiendo medidas anticomunistas violatorias a la Constitución como la deportación de líderes izquierdistas (léase, Máximo López Molina del MPD).
En su análisis, Martin dio como un hecho irreversible la sublevación de San Isidro y condicionaba su colaboración para salvar el gobierno de Bosch, a que éste aceptara la intervención militar de la Séptima Flota imperial de Caribe en el conflicto dominicano, la Flota yankee vendría con sus enormes cañones a nuestras aguas territoriales y le darían un ultimátum a los golpistas sublevados. Si usted la solicita, señor Presidente, en 12 horas como la Flota estaría cumpliendo su misión, mi gobierno está dispuesto a mantenerlo en el poder, en esas condiciones.
El presidente Bosch hizo un paréntesis – meditación o reflexión y respondió: Agradezco su voluntad, señor embajador, pero aceptar la presencia de la flota entrañaría violar la soberanía nacional y mi dignidad de jefe de Estado me impide violar la Constitución, rechazando convertirse en un gobernante títere de una potencia extranjera.
Aquel ingrato 25 de septiembre Juan Bosch pasó a la Historia como prócer inmortal de la democracia y la libertad, su patriotismo acrisolado es hijo de la estirpe nacionalista de Juan Pablo Duarte y Gregorio Luperón.

