José Ignacio, mi hermano mayor, no cursó estudios universitarios, pero ha desarrollado un fino olfato político, incluso hasta para vaticinar algunos sucesos.
En nuestra más reciente conversación, fue inocultable su frustración en torno a nuestra política vernácula y me dijo textualmente: ‘’ Estoy pensando seriamente en no volver a votar. Ya nadie más me coge de relajo. Y óyeme bien, si vuelvo a votar, lo haría por Guido, porque ese sale un Bukele’’.
¿Qué quiso expresar mi hermano Ignacio con la expresión pueblerina: ‘’ Ese sale un Bukele’’? Simple y llanamente es una expresión de impotencia ante la vertiginosa degradación social y moral de la sociedad.
Ya habrá tiempo de explicarle a mi hermano, que no hay forma de que Guido Gómez Mazara, ‘’ salga’’ a Nayib Bukele, pues cada actor político es el resultado de la sociedad que le ha tocado vivir en un sentido amplio.
Bukele es el resultado de una sociedad atrasada con altos niveles de desigualdad y que se mantuvo en una cruenta guerra civil por más de 10 años en plena guerra fría. Fue la respuesta a una clase política incapaz de resolver los problemas elementales a través de los partidos del sistema: ARENA y FMLN.
El doctor Guido Gómez Mazara es de otra estirpe. Mientras Bukele creció en abundancia económica, el dominicano solamente heredó el compromiso social de su padre, el emblemático líder, Maximiliano Gómez, ‘’El Moreno’’, asesinado por sus enemigos políticos en la flor de su juventud.
Aunque el salvadoreño recibió el apoyo de su pueblo que lo hizo presidente, no hay duda de que el dominicano lo supera en formación política. Bukele no responde a ningún criterio ideológico, es un político pragmático. Cuando todo el mundo le cerró el camino, fundó su propio partido ‘’ Nuevas ideas’’ y El Salvador lo apoyó.
El PRM tiene la irrepetible oportunidad de llevar un candidato presidencial de condiciones excepcionales como Guido Gómez Mazara. De no hacerlo, sustento la tesis de que Guido, al igual que Bukele, formará un gran movimiento nacional que lo lleve al solio presidencial.
Por: Ramón Rodriguez
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