Opinión

Guillermito a dos años

Guillermito a dos años

Si los muertos   hablaran,   ¡cuántas  verdades supiéramos! Postulo,  que la esquina de la calle  Padre  Borbón  con  general   Leger  de la  heroica   ciudad de  San  Cristóbal está marcada  para  siempre,  por  razones  de  dignidad  y pesar,  ante  la  sangre  derramada  a plena  luz  del  día por el  brillante  hijo de  esta  tierra,  capitán  de la  DNCD,  Guillermito  Tejeda  Kranwinkel.

Hoy,   precisamente, se  cumplen  dos  años  de  aquella  tragedia,  sádica y  grotesca.                  

A los dos  años  de  tan  horrendo   asesinato,  sus   grandísimos  abuelos, familiares  y  su connotado  progenitor, ciudadano   y  docto  periodista,  mi entrañable   hermano  espiritual  Guillermo  Tejeda, continúan  esperando  el   apresamiento  de su  autor  material y  cómplices.

El crimen  no prescribe,  sino   en   legislaciones  como  la  nuestra, algunas  contraviniendo  el  principio  del  patricio  Juan Pablo  Duarte en su gran  proyecto de  Constitución.

En  reiteradas   ocasiones,  hemos  conversados  con el eficiente    mayor  general  Rafael  Guillermo  Guzmán  Fermín, jefe de la Policía  Nacional,  en  quien  se puede  creer, sobre  el  asesinato de  Guillermito, y el alcance  de las investigaciones, habiéndonos referido el caro amigo que esa institución continúa  redoblando  esfuerzos, y, con la  ayuda de  Dios  y con oficiales  calificados,  habrán  de  detectar  y  apresar a los  responsables  del oprobioso  crimen.  Confiamos  en   Guzmán  Fermín.

Abordando  sobre la  problema  delictual,  el  autor  español  Fernández  Díaz, ex fiscal de la  audiencia de  Barcelona,  y el tratadista   Jiménez, la  relacionan  con el  nombre   de mismidad.

Esta  tesis  adquiere  resonancia  jurídica,  existiendo  similitud  en la  peligrosidad   del  sujeto  que   asesinó  a  Guillermito, y  quienes   lo esperaban  en su carro  color  rojo,  por  la imputabilidad    para  el que el  acto  pueda  considerarse   propio   del  autor,  y ponerse  a su  cargo y sancionado por  una  legislación  penal  con  más  de  150 años  de  preexistencia   en nuestro  país,   lamentablemente.

El maestro  Cesar  Lumbroso  presentó  la teoría   de la criminalidad,  basándose  en el  delincuente de  instintos  y  sentimientos  propios  de  animales  salvajes, y   así  Jiménez  y  Sigmund  Freud,  coinciden  en afirmar que los delincuentes,  como quienes  asesinaron  a  Guillermito Tejeda,  proyectan su  fisonomía  en lo que llaman  el  súper yo  criminal.

Miguel  Cervantes,  decía  que los  hijos  son pedazos  de las  entrañas  de sus padres, postulado  universal, digno de  la historia.

El  Departamento Antinarcóticos  que  funciona  en la  comandancia  policial  de  San  Cristóbal,  debiera de  ostentar el nombre  de Guillermito  Tejeda  Kranwinkel, en homenaje  de quien  siempre   cumplió con el  deber. 

A  dos  años,  la muerte de  Guillermito, me parece que fue  ayer,   una  oración  al  altísimo porque  duerma  en paz, junto  a su morada  celestial.

El Nacional

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