Opinión

Guzmán Fermín

Guzmán Fermín

En medio de una carencia de responsabilidad auténtica y de valores,  encontrar a un hombre que enhieste la bandera del deber, sin vacilaciones, arriesgando su vida, representa una valoración y actitud inconmensurables, que los buenos dominicanos, aun los incrédulos y resentidos, deben justipreciar en la mas amplia dimensión.

Y he querido,  desprovisto de estériles pasiones,  previa evaluación y conocimiento de causa, reconocer la ingente y positiva labor que en función de la Nación, el orden y la paz, viene realizando como un titán enardecido, cual espartano de estos tiempos, el mayor general Rafael Guillermo Guzmán Fermín, Jefe de la Policía Nacional, junto al equipo que le acompaña.

Y  lo hicimos también resaltando la brillante labor de su   antecesores, mayores generales Manuel de Jesús Pérez Sánchez y Bernardo Santana Páez.

La misión de este hombre joven, capaz, viril, inteligente, audaz muchas veces, que tiene el sello de la historia, y su vertical accionar por el sosiego y la tranquilidad social, sus luchas y avatares  constituyen un ejemplarizante comportamiento digno del respaldo de nuestros conciudadanos, tal lo vienen haciendo Instituciones, ciudadanos y sectores de la vida nacional.

Como ninguna obra humana es perfecta, sin embargo, el General Guzmán Fermín se sitúa dentro de los parámetros de la verticalidad sin evadirla, porque lleva en su sangre y pensamiento el ejemplo de su honorable padre, dos veces Jefe de la Policía, general Rafael Guillermo Guzmán Acosta,  y las frases del gran Víctor Hugo cuando dijo: El deber es un Dios, que no conciente ateos.

 En la institución Policial, convergen una serie de intereses y factores que poco han contribuido a un mayor avance,  desarrollo y adecentamiento eficaz en la misma, razones que Guzmán Fermín está enfrentando prudente y sabiamente pero con inequívoco arrojo.

Tenemos formas corrosivas de la degeneración en algunos segmentos sociales, como un conjunto maléfico de conductas personales impropias, que turban el reposo ciudadano y a ésas y otras barbaries contrarias a las leyes y la dignidad, tiene que enfrentar la Policía Nacional, sin reservas.

Tengo la certeza de que Guzmán Fermín lleva en las profundidades de su alma, el postulado de la existencia de tres amores sagrados: el amor a Dios, el amor a su familia y el amor por la Patria.

Las actitudes tomadas por la Jefatura Policial, entre tantos casos como el de Bonao y Puerto Plata, marcan un hito histórico, con la nueva visión que deben observar los miembros de esa institución, llevada a cabo por su máximo ejecutivo, precisando que en la Policía existe una constelación de hombres y mujeres estrellas, de conducta intachable, lo cual ha sabido resaltar y defender el mayor general Guzmán Fermín, pues los que se desvían, lamentablemente son los menos.

 Cuando se ha cumplido con el deber, parece que queda el hombre tranquilo, sereno, levantado y orgulloso de haber hecho este noble sacrificio.

¡Siempre adelante, Guzmán Fermín!

El Nacional

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