El tema de Haití está de nuevo en el tapete. Hace unos días, el ex presidente norteamericano Bill Clinton visitó esa nación junto a más de 200 empresarios, casi todos de EU y de nuestro país, para examinar las potencialidades de inversión que ayuden a Haití en un mediano plazo a comenzar a resolver algunos de sus problemas económicos.
Siempre se ha dicho que una de las causas de la migración masiva de haitianos hacia Estados Unidos, Europa y nuestro país, es la extrema pobreza. Con el desarrollo, es lógico que disminuya.
Como se sabe, amplias regiones dominicanas en la frontera están abandonadas. Eso ha dado lugar a una masiva ocupación por ciudadanos haitianos, que prefieren hacer pequeños conucos para sobrevivir, porque en Haití están virtualmente muriéndose del hambre. Ese abandono ha sido progresivo. Una muestra al canto es que obras de infraestructura muy importantes han sido olvidadas, entre ellas viejos proyectos hidroeléctricos que ayudarían a paliar la crisis energética de los dos países.
Uno de los proyectos que consideramos más importantes y que hemos llamado La Presa de la Amistad, sería la construcción de una gran obra que permitiría aprovechar mejor los caudales del río Artibonite, que nace en la Cordillera Central de la República Dominicana, escurriendo a lo largo de la frontera con Haití y después hacia el noroeste, de un lado al otro de la llanura Artibonite, para desembocar en el Golfo de Gonaïves. La Presa de la Amistad podría tener financiamiento compartido, cuya fuente principal sería el Banco Interamericano de Desarrollo (BID). Esa presa permitiría una regulación que aumentaría el embalse de la Presa de Peligre en Haití, obligando a su recrecimiento y al mismo tiempo ampliaría su zona de influencia.
La producción de energía sería compartida, y Haití se beneficiaría mucho.
El ex presidente USA Bill Clinton, designado por las Naciones Unidas para el caso de Haití, debería tomar nota de estas humildes observaciones para viabilizar la construcción. Durante no menos de cinco años, en la misma trabajarían miles de obreros dominicanos y haitianos que hoy día necesitan ganar dinero.
Se quitaría también presión a nuestra frontera, en la cual es imposible frenar la ola migratoria. Este país no puede aguantar más tan pesada carga. La ONU parece haber captado las quejas del Gobierno. Urge que se pase de la palabra a la acción
