Es bastante lo que ha salido a relucir sobre la desaparición del avión que salió el lunes desde el aeropuerto Cibao con destino a las islas Mayaguana, pero todavía es más lo que falta para aclarar todo lo relacionado con la operación y la suerte de la aeronave y sus tripulantes.
Los cabos sueltos conforman un montículo de interrogantes con todo y los avances que se han alcanzado en la investigación dispuesta por el Instituto Dominicano de Aviación Civil (Idac), que determinó la suspensión de tres técnicos de la terminal y el interrogatorio a dos pilotos.
Lejos de los odiosos encubrimientos y la indiferencia frente a la incertidumbre que golpea a familiares de los tripulantes, las acciones hablan bien de la responsabilidad y eficacia con que el director del Idac, licenciado José Tomás Pérez, ha asumido el doloroso percance. No se puede negar.
Pero la opinión pública no estará tranquila hasta que se transparente el más mínimo detalle respecto al inquietante incidente del avión. No es verdad que sin complicidad con una licencia vencida el piloto Adrián Jiménez Jiménez podía realizar vuelos con la frecuencia que se le atribuye.
La impresión es que en las propias narices de las autoridades operaba un gran negocio en el transporte de personas hacia diferentes puntos de la región. Y no es de dudar con lo mucho que se ha hablado, de un tiempo a esta parte, de vuelos irregulares.
Justo es reconocer el empeño de la Idac, como han evidenciado las primeras pesquisas, para establecer responsabilidades. Y en ese sentido estimulan las seguridades de su director en el sentido de que no tolerará ni encubrirá irregularidades mientras dirija la entidad.
Pero en torno a la desaparición del avión han salido a relucir tantas versiones que lo menos que se espera, y así tiene que ser, es que las pesquisas lleguen hasta el final.
Chivata
Por más que pueda molestar, no debe sorprender a los consumidores que la rebaja en los combustibles no se corresponda con la caída de los precios del petróleo. Después de todo, el secretario de Economía y Planificación había advertido que el Gobierno tenía que recompensar el sacrificio de cuando el crudo estaba por las nubes.
La afirmación del ingeniero Temístocles Montás sirvió incluso de pretexto a comerciantes para no reducir los precios de los artículos de primera necesidad y a los dueños del país para mantener inalterable la tarifa del transporte de pasajeros y de carga.
Con todo, no deja de parecer una burla que a partir de hoy se bajaran 70 centavos y un peso a los carburantes a pesar de que el petróleo cerró a unos 36 dólares el barril. La pregunta que, por supuesto, muchos se formulan es ¿cuán tan significativo fue el sacrificio del Gobierno?

