Por: daniel bosque
BARCELONA, 27 Mar 2014 AFP.- «Hay que votar. Si quieren que nos traigan los tanques, pero nosotros vamos a votar», decía Marc Cots, un estudiante de 20 años que en el corazón de Barcelona firmaba una petición a favor de un referéndum de autodeterminación en Cataluña. Jóvenes, familias con niños, jubilados e incluso turistas sensibilizados con la causa catalana desfilaban el miércoles en un goteo constante hacia la parada de recogida de firmas en la plaza Cataluña de Barcelona, coronada por la bandera independentista de la región, de franjas rojas y amarillas y un triángulo azul con una estrella en medio. Todos ellos tenían en mente el 9 de noviembre de 2014, la fecha escogida por el presidente regional Artur Mas y las formaciones nacionalistas para celebrar la consulta de autodeterminación en esta importante región del noreste de España, calificada de ilegal por el Tribunal Constitucional. «Para mí, la sentencia del Constitucional no cambia nada. Cataluña es una nación por su historia, su lengua y su cultura. Tenemos derecho a votar, les guste o no», insistía Cots.
En la concurrida plaza de Cataluña, varios voluntarios de la Asamblea Nacional Catalana (ANC), el principal lobby independentista de la región, recogen desde hace varios días firmas para la organización del ansiado referéndum. Con esta campaña, llamada «Firma un voto por la independencia» y desplegada en centenares de pueblos catalanes, la ANC insta al parlamento regional «a llevar a cabo todas las iniciativas políticas para que se pueda celebrar» esta consulta.
En caso de no ser posible, proponen una declaración unilateral de independencia. De momento mantienen en incógnito el número total de firmas recogidas, aunque señalan que en un solo fin de semana de enero consiguieron más de 200.000. «La gente está muy ilusionada porque lo tenemos más cerca que nunca», afirmaba Maria Lluisa Forcadell, una voluntaria de 55 años mientras depositaba una de las firmas en una simbólica urna de cartón. Pero lo que ocurrirá el 9-N es todavía una incógnita tras la sentencia del martes, que emplaza a Madrid y Barcelona a un diálogo que parece imposible en estos momentos. El Gobierno español de Mariano Rajoy se opone totalmente al referendo. Por su parte, Mas, con la presión ciudadana a sus espaldas, prometió el miércoles «continuar el proceso político».
«No pueden echarse atrás»
«No se trata de la deriva independentista de un gobierno. Hay una mayoría parlamentaria detrás y sobre todo una mayoría social que no para de reivindicar y pedir esta consulta», recordaba el catedrático de Ciencias Políticas de la Universidad de Barcelona, Jordi Matas. Una encuesta de la administración catalana publicada recientemente situaba el apoyo a la independencia en el 60%, mientras que la petición del referéndum subía al 74%. Orgullosa de su cultura y su lengua propias, esta región de 7,5 millones de habitantes ha vivido un auge del independentismo en los últimos años, cuando la crisis ha espoleado un sentimiento de maltrato económico y político desde Madrid.
El malestar se ha hecho palpable en las calles, especialmente en la fiesta regional del 11 de septiembre, cuando la ANC consiguió movilizar cientos de miles de personas en una manifestación que colapsó Barcelona en 2012 y en una colosal cadena humana de 400 km en 2013. «Nosotros presionamos al Gobierno catalán y los partidos políticos para trabajar por la independencia porque creemos que es el mejor y la única solución para Cataluña», afirmaba a la AFP su presidenta, Carme Forcadell.
El próximo 5 de abril quieren aprobar una hoja de ruta que propone el 23 de abril de 2015 como día de la proclamación de la independencia. A raíz de ello, una asociación de ultraderecha pidió a la fiscalía su ilegalización. Desde entonces han pasado de 22.000 a más de 30.000 afiliados en solo una semana. Uno de los próximos podría ser Manuel González, un prejubilado de 63 años que pedía información para afiliarse en la parada de plaza Cataluña. «Los políticos ya no pueden echarse atrás. Sería un fracaso total», afirmaba. «Si quieren que nos pongan en prisión pero primero tienen que encontrar una suficientemente grande para que quepamos todos», ironizaba a su lado su mujer, Lourdes Company, colocándose una chapa independentista en el pecho.
AFP

