Opinión

Hechos que hablan

Hechos que hablan

Por esa falta de autoridad moral en que la sumisión la ha colocado, a la Suprema Corte de Justicia no le queda más que aguantar callada que se desviara hacia sus predios la filípica del Papa sobre la corrupción en el país. Un recuento arroja que, por más respetable que sea su cuota de responsabilidad, la blandenguería contra un flagelo que ya trasciende las fronteras no ha sido sólo de la Justicia, como han entonado monseñor Nicolás de Jesús Cardenal López Rodríguez y el fiscal del Distrito Nacional, licenciado Alejandro Moscoso.

Mucho antes de que figuras como el doctor Euclides Gutiérrez Félix y el licenciado Miguel Cocco tronaran contra el enriquecimiento difícil de justificar que exhibe mucha gente y la podredumbre em  Gobierno no podían ser más luminosas señales de debilidad como el retiro de la acusación contra los implicados en el supuesto desfalco a través del Programa eventual mínimo de empleo (Peme), así como contra el actual embajador en Colombia, licenciado Angel Lockward por el caso del subsidio al gas propano. Los indultos a los condenados por  desfalco en el Plan Renove y el fraude bancario y los escándalos en la Cámara de Cuentas no se quedan atrás dentro del rosario en que pudo abrevar Su Santidad para censurar la corrupción y la falta de transparencia.

En materia de denuncias se ha sido tan prolífico, aunque no así en acciones, con todo y que se invoquen  leyes, que el diputado peledeísta Elso Segura se hizo eco de rumores de que en el Congreso había circulado dinero  para aprobar préstamos  controversiales como el de los aviones para combatir el narcotráfico y para otras obras. Sin ir más lejos, el secretario de Interior acaba de denunciar que varios congresistas fueron sobornados para impedir la aprobación de una ley que prohíbe los fuegos artificiales. ¿Se puede pasar por alto la denuncia del senador Wilton Guerrero a raíz de los sucesos de Paya?

Material para escoger Su Santidad tenía de sobra. Lo más probable, sin embargo, es que se apoyara en la reiterada posición de la Conferencia del Episcopado Dominicano sobre los efectos de la corrupción y el narcotráfico. Lo inusual para un mensaje sin precedente ha sido el momento escogido. Con lo consecuente que han sido las autoridades con figuras  prominentes de la Iglesia como monseñor López Rodríguez si algo podía esperarse del Papa era elogios. De ahí que no sorprende que el Cardenal prefiera repartir la carga al recomendar al Gobierno castigar la corrupción, pues no puede contradecir al Papa, y darle su varapalo a la oposición que aplaude al Pontífice.

Gutiérrez Félix, que fue de los primeros en denunciar la corrupción, ha atribuido la descarga del obispo de Roma a intrigas de “curas perredeístas”. Sin embargo, diferentes huellas marcan la debilidad del Gobierno, ésa que le restregó el Papa, en la lucha contra la corrupción. Sin necesidad de apelar a las pastorales ni a declaraciones de respetados representantes de diócesis.

Por la sumisión y el descrédito en que ha caído la Suprema, no así magistrados como los de la Corte de Apelación de Santo Domingo y otros que constituyen hoy buenos ejemplos, la Justicia no puede impedir que le carguen el muerto.

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