El Nacional publicó una fotografía bonita, elegante, incensurable, expresiva y hasta artística de dos jóvenes haitianos, hombre y mujer, mientras se besaban de tal manera que casi no se ven sus caras ni mucho menos sus labios.
Era una mañana fría, ellos, los jóvenes haitianos, que son marido y mujer (casados) se besaron como aparece a diario en revistas, periódicos, televisión, cine y hasta vida real.
No se trató de que estaban haciendo el amor en la vía pública, que ella mostraba las tetas, que él enseñaba la bobolita ni mucho menos que se agitaban buscando el placer (muy normal, por cierto) o buscando la preñez.
Me gustó mucho la foto, porque, repito, la encontré espontánea, artística, romántica, sensual sin morbosidad, producto de dos personas que se aman.
¿Lo hicieron en la calle? ¿Cuál es el problema?
¿Es una acción criminal besarse en la calle, con un beso hasta menos expresivo que el que nos esculpió el gran Rodin?
¿Es un delito que un hombre y una mujer manifiesten su amor con un simple beso captado en una fotografía por demás bella, sutil, cautivadora y expresión del amor que Dios nos da?
En mi opinión como profesional, creo que es la clase de fotografía que merece ir a concurso, y sus protagonistas respetados en su derecho de darse un beso lleno de cariño ternura y comunicación, sin que ni en la foto ni en el beso en sí mismo pueda verse nada que atente contra la moral y los buenos principios (Farmacia Mella).
Pero ¿qué sucedió en lugar de lo que señalé en el párrafo anterior? Muy sencillo, deprimente, abusivo, hipócrita, simulador y trasnochado: Migración acechó a la pareja, a él se lo llevaron preso, ella tuvo que salir huyendo y así se cumplió con la ley, el orden, la moral y la represión injusta, desproporcionada y, repito, llena de hipocresía.
Bueno, me faltaba algo: uno de los miembros de Migración dijo que la operación (¡qué valientes!) se llevó a cabo porque la pareja está formada por ¡haitianos! ¡cuánto patriotismo!
O sea, los dominicanos podemos hasta hacernos pupusita en el Altar de la Patria y pipisito en el Panteón Nacional, y está bien. Si dos jóvenes haitianos se besan que hasta los Amantes de Verona los envidiarían presos por atentar contra la moral de la muy moral República de la Moral!
Ya lo dijo el Señor: ¡Sepulcros blanqueados!
(Por cierto, solo les queda, para completar tan ética labor, cerrar El Nacional).

