El candidato presidencial del PRD para las elecciones del 2012 será Hipólito Mejía. Cada vez menos personas tienen dudas al respecto.
La corriente de simpatía que está despertando todos los días entre las mujeres, la juventud y los adultos, es indetenible. No hay vuelta atrás. Las encuestas contratadas por empresarios, medios de comunicación, el gobierno y hasta por la embajada, lo dicen. Hipólito ganará mucho a poco. Y Miguel Vargas lo sabe.
Tratar de controlar la Comisión Organizadora de la Convención en todos los centros de votación para intentar revertir la voluntad popular lejos de ser una solución a los graves problemas que ya tiene Miguel, es agravarlos.
Buscar, donde quiera que sea y de la forma que sea, dinero para, emulando a Leonel Fernández, comprar las elecciones internas, es poco aconsejable en las circunstancias actuales. Hipólito no será parte de una guerra de papeletas para comprar votos, pero tampoco permitirá que nadie, no importa de cuantos millones de pesos disponga, le juegue sucio comprando la voluntad popular aprovechando la pobreza y miseria de la mayoría de los militantes y simpatizantes del PRD.
Hipólito no quiere más ventajas que las que ofrece el voto democrático de la gente. Hipólito no quiere controlar la Comisión Organizadora de la Convención, ni el centro de cómputos, ni los demás organismos de votación en las provincias y municipios. Hipólito quiere equidad, igualdad de condiciones entre todos los candidatos. No quiere más, pero tampoco menos que los otros. Es por eso su respaldo a Emmanuel Esquea Guerrero, Milagros Ortiz Bosch y Hugo Tolentino Dipp. Tres figuras connotadas del PRD que no pertenecen a los grupos en pugna por la presidencial del país.
Hipólito aspira a una Comisión Organizadora de la Convención diáfana, independiente, que asuma su rol con responsabilidad, sin aceptar presiones ni chantajes de ningún sector. Hipólito quiere predicar con el ejemplo. No quiere una Junta Central Electoral independiente y honorable para las elecciones generales, pero una Comisión Electoral del PRD que responda a sus intereses, como pretenden otros.

