Opinión

Hipólito y la democracia

Hipólito y la democracia

Cuando Juan Bosch pronunció el discurso de asunción al poder, el 27 de febrero de 1962, ante la Asamblea Nacional, sentenció: “La democracia no perecerá en mis manos”. Ese ha sido el pensamiento perenne del Partido Revolucionario Dominicano. La democracia dominicana se inició en el corto mandato de Bosch. Luego las libertades públicas fueron conculcadas por los regímenes de facto, y los 12 años del dictador ilustrado, Joaquín Balaguer, y renació el respeto a los derechos  humanos, cuando Don Antonio Guzmán se colocó en el pecho la bandera tricolor, decretando una amnistía para los presos políticos y permitiendo el retorno de los exiliados.

Hipólito Mejía, en el cuatrienio del 2000-2004, promovió un gobierno pluralista, donde estuvo ausente la persecución política. Hubo mucha garantía para los derechos fundamentales y sus opositores se excedieron en el uso de protestas y del lenguaje peyorativo.

Ha provocado cierto ruido unas declaraciones de Hipólito, acerca de la dictadura criminal, oprobiosa y espeluznante de Trujillo. El candidato del PRD es un hombre comprometido con la democracia, que jamás intentaría repetir hechos que han sido ventajosamente superados.

El principio dialéctico denominado “Ley de la Unidad y Lucha de Contrarios”, explica que una cosa buena puede convertirse en mala y viceversa, en virtud de que nada es estático en la vida, y de que existe una mutación continua. De manera que la mezquindad debe ser separada cuando se trata de reconocer alguna acción positiva.

El PRD es sinónimo de democracia y es inconcebible que alguien se aparte de esa línea. Que nadie albergue dudas de que el próximo gobierno, que será presidido por Hipólito, garantizará la plena vigencia y el disfrute del ejercicio de un estado de derecho, que no estará salpicado por la intolerancia y las injusticias.

El Nacional

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