El Estado cuenta con un poder temporal, que se somete a sufragios y se alterna en la elección del Poder Ejecutivo y del Poder Legislativo.
Dispone además de un poder permanente que no pasa por elecciones y que opera a través de los cuerpos militares y policiales, del empresariado (oligarquía criolla y corporaciones transnacionales), de la jerarquía católica y su peso ideológico, de potentes medios de comunicación, de la Embajada de Estados Unidos y sus mecanismos tutelares (USAID, CIA, Misiones Militares, DEA, tratados bilaterales, FMI, BM, ONU, OEA, TIAR ).
Los partidos funcionales a ese sistema son instrumentos para el ejercicio periódico del poder temporal; siempre amarrado al poder permanente, salvo cuando accede al gobierno una fuerza que procura independizarse del poder. Su alternancia da apariencia de democracia y es útil para reducir tensiones, lavar rostros y cambiar sin hacer cambios.
Un nuevo fenómeno, sin embargo, va erosionando ese recurso engañoso. El neoliberalismo homogenizó ideológicamente a esos partidos, mientras los procesos de corrupción y perversión han creado una partidocracia con base económica propia que controla e iguala a esas organizaciones en el ejercicio de poder temporal.
La partidocracia ha evolucionado hasta convertirse en componente del poder permanente y del poder temporal, asumiendo la definición de una clase imprevista.
Sus facciones compiten pero comparten complicidades, impunidades y homenajes esenciales, más allá de la existencia física de sus representantes. Las ofensas se reparan, protegiéndose mutuamente de prisión larga y condena pública persistente.
La figura presidencial se torna inmune, impune y sagrada (no importa los delitos cometidos) y los duelos y honores nacionales colman su paso hacia la muerte ¡La misma calaña los une en el atropello a la verdad histórica! Por eso ahora se procura otorgar categoría de héroes y patricios ilustres a dos expresidentes fallecidos, responsables de sendas administraciones corrompidas y de dos genocidios infames: el Caracazo del 89 y el abril del 84.
La partidocracia pervertida se compacta, antes, durante y después de las honras fúnebres. ¡Actúa como claque en sí y para sí!

