El 196 aniversario que se cumple hoy del natalicio del patricio Juan Pablo Duarte es un período más que suficiente para glorificarlo sin las fastuosidades de discursos, exposiciones y ofrendas, sino abrevando en el pensamiento y la acción que lo convirtieron en el padre de la nacionalidad.
Duarte no era un ser místico e inimitable. Era un hombre de carne y huesos que enarboló la bandera de la justicia y los principios para legar a las generaciones una patria libre y soberana. Pero desafortunadamente el tiempo y los ideales duartianos, antes que materializarse, parecen alejarse.
La rendición de cuentas fue uno de los signos más distintivos de la conducta política de un modelo que desde aquellos tiempos entendía que la transparencia formaba parte del arte de gobernar y que censuró el despilfarro.
El primer gran ejemplo de autenticidad y honradez lo ofrece ese Duarte glorificado por el discurso oficial cuando, al ser enviado a Baní por la Junta Central Gubernativa para reforzar al Ejército, de una asignación de 1,000 pesos que recibió sólo gastó 123, que detalló minuciosamente, y los restantes 877 los reintegró al erario. Esa es una de las facetas del pensamiento y la praxis duartiana que hoy, bajo los criterios con que se administran los recursos públicos, cobran más vigencia.
Durante la conspiración que culminó en 1844 con la separación de Haití, Duarte, que también era un hombre de fe en Dios, proclamó que el buen dominicano tiene hambre y sed de justicia. Desde entonces ha pasado más de un siglo sin que esa sed sea todavía plenamente saciada.
La verdadera justicia, la de la igualdad ante la ley y del derecho a la vida, es uno de los capítulos pendientes en el homenaje a un hombre que renunció a riquezas materiales para entregarse en cuerpo y alma a la lucha por la liberación, la prosperidad y los derechos de una nación.
El pensamiento del Duarte de carne y huesos tiene que ser sacado de academias y salones para colocarlo al alcance de cada dominicano como una referencia para construir una patria libre y soberana, regida por el ideal de justicia. El mismo derrotero que observa la sociedad dominicana, con una crisis de valores y una juventud cada día más ofuscada, torna más imperiosa la necesidad de rescatar y promover el modelo duartiano.
Hay que recordarlo, pero por su sacrificio para guiar al pueblo por el camino del bien, por el sendero de la justicia, del derecho y de la redención. Porque eran los anhelos de Duarte para la patria y sus conciudadanos. Al cumplirse hoy el 196 aniversario de su nacimiento no hay mejor homenaje que difundir y cumplir con sus ideas.

