Pedro Juan Persia, quien murió a los 71 años de edad, fue uno de esos dirigentes de izquierda que se entregaron con el corazón a la causa del bienestar y las libertades. Sin abjurar de sus ideales después que dejó la militancia política se entregó a la prédica religiosa, otro camino de promover el bien y la paz entre los hombres.
Todos los que lo conocieron y trataron entendieron lo que no fue más que un cambio de escenario. Durante 30 días batalló por su vida en el Centro de Diagnóstico, Medicina Avanzada y Telemedicina (Cedimat), pero, para que dejara de sufrir, el Señor lo llamó a su lado. Sus restos fueron sepultados en Santiago, de donde era oriundo.
Alguien decía que frente a la muerte todos los seres son iguales. La vida es lo que los diferencia. De ese antiguo militante de izquierda, padre de cuatro hijos que procreó con su hoy viuda Violeta Demorizi, la vida estuvo guiada por un solo norte: servir y amar al prójimo. Ese es el legado de un hombre despedido con los honores que merecía.

