LA HABANA. Cualquiera se imagina que el Hotel Nacional de Cuba es un hotel más. Gravísimo sería entonces el error de percepción.
El Hotel Nacional de Cuba es un trozo vivo, latente y testimonial de la historia ya atormentada, agitada o afortunada (según cada quien pueda verla).
La obra fue iniciativa de un grupo inversionista norteamericano, la Corporación Intercontinental de Hoteles de Cuba ( la Purdy Herderson Co.) quienes concibieron establecer el más importante hotel en la isla caribeña, con las condiciones adecuadas para ser un destino acogedor para visitantes de primer nivel de todo el mundo.
En la intención de los inversionistas estaba claro el objetivo: Que el hotel sea la joya más codiciada por los turistas en el caribe, el más lujoso, el de más estilo.
Visitantes de honor
El Hotel ha tenido que acoger a todo tipo de gente de las cúpulas sociales, entre ellas a la de la maffia: capo dei tutti capi vino al Hotel Nacional en diciembre de 1946, encabezados por Vito Genovesse, con el objetivo de acordar la división de las áreas de trabajo de las pandillas en territorio norteamericano.
Aquí han estado personalidades como Arthur Miller, Winston Churchill, Arthur Rubinstein, John Wayne, Arturo de Córdova, Tyrone Power, Fred Astaire, Agustín Lara, Michael Moore, Naoemí Cambell, Charles Áznavour, Caetabi Veloso, Compay Segundo, Alejo Carpentier, Gabriel García Márquez, Mario Benedetti. La realeza de diez países, aquí ha tenido hospedaje distinguido.
En la actualidad
Estar en el Hotel Nacional de Cuba trasciende el hecho hotelero. La rica arquitectura exterior e interior, sus pasillos decorados al justo exigente del visitante crítico y quisquilloso, sus salones (muchos de los cuales son verdaderos museos por la colección de fotos y objetos de la historia expuestos, la calidad de los servicios gastronómicos se mantiene, pese al bloqueo norteamericano, un nivel de excelencia. Cuando se ha estado en el Hotel Nacional de Cuba, el visitante siente que ha adquirido una experiencia nueva e inolvidable.

