Opinión

Hugo Chávez, irrepetible

Hugo Chávez, irrepetible

Ya habrá tiempo para analizar a profundidad la figura trascendental del comandante Hugo Chávez Frías, como resultado de la incapacidad de la clase política venezolana para resolver los problemas elementales de un pueblo que ha cultivado la dignidad.

Los pueblos jamás sucumben, Tienen en reserva a sus líderes emergentes, cuando los que están llamados a luchar por la felicidad de las grandes mayorías, deciden abrazar la corrupción administrativa, como sucedió en la patria de Simón Bolívar y Ezequiel Zamora.

El pueblo venezolano todavía llora la pérdida de su líder, y los pueblos de América, valorarán en su justa dimensión su ausencia, cuando haga falta su voz estentórea y su recia personalidad, dispuesto siempre a ofrendar su vida por su patria grande. Venezuela hoy llora a su presidente, como los argentinos lloraron una vez a su Evita Perón.

El comandante Chávez ha emprendido su viaje a lo desconocido, pero dejó a su pueblo un legado irreversible de defensa a la soberanía, a los recursos naturales y a la dignidad.

Cuando se calmen las pasiones que genera la política, ese hombre, nacido de una familia humilde, será reconocido por sus propios contrarios como un líder irrepetible, por haber vencido todos los obstáculos para triunfar, pero sobre todo, por ser fuente inagotable de amor para con su pueblo, que todavía le llora desconsoladamente.

A los historiadores se les hará difícil desligar la figura de Hugo Chávez, del golpe de febrero del 1992. Aunque el comandante siempre se negó a que a ese proceso se le denominara golpe, argumentando que fue un levantamiento cargado de dignidad que buscaba transformar las instituciones venezolanas para alcanzar la modernidad y el progreso.

 A partir de ese momento en que aparece por la televisión ante millones de venezolanos, su boina de paracaidista pasó a ser un símbolo de lucha. Su carisma era desbordante y la expresión ‘POR AHORA», adquirió carácter histórico, cuando se dirigió a los venezolanos y al mundo de la siguiente manera: »Compañeros: por ahora, los objetivos que nos planteamos no fueron logrados en la ciudad capital, y entre otras cosas manifestó: »les agradezco su valentía, su desprendimiento, y yo, ante el país  y ante ustedes, asumo la responsabilidad de este movimiento militar bolivariano”.

Chávez al igual que Simón Bolívar, tenía en su corazón un templo y un tribunal. Un templo para venerar las buenas acciones de sus conciudadanos y un tribunal para condenar enérgicamente a aquellos ciudadanos que no merecían ser hijos del libertador por antonomasia: Simón Bolívar.

Como bien decía el poeta venezolano Alí Primera, “Los que mueren por la vida no pueden llamarse muertos y a partir de este momento, es prohibido llorarlos”. Así debe ser, el compromiso está en jamás recular, para que no haya nunca jamás un retorno a esa clase política venezolana que devoró a Venezuela con la corrupción.

Hasta siempre comandante, amigo sincero de los dominicanos.

El Nacional

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