Editorial

Ideales relegados

Ideales relegados

Como en otras ocasiones, las expectativas de cambio en el gabinete han caracterizado el ambiente en víspera de la conmemoración de uno de los acontecimientos históricos más relevantes de la nación, Restauración de la República. Sin que nadie se llame a engaño, el comportamiento es otra nota de la crisis de valores patrios y morales que corroe a la población dominicana.

Tal parece que la tradición de aprovechar el 16 de agosto para introducir cambios administrativos ha contribuido a modelar una conducta que relega el patriotismo a un segundo plano. Pero no deja de ser censurable  que la restauración de la soberanía y las libertades por las que se luchó en la gesta de 1863 todavía no cuenten en los sentimientos nacionales.

Si en algún momento existió la solemnidad que revisten fechas que recrean acontecimientos de tanta dimensión histórica ha dado paso al morbo público. No puede ser que haya más interés en rotaciones administrativas que en la gesta que se libró para devolver la independencia y la soberanía al pueblo dominicano.

Pero la amarga realidad es que el ideal restaurador ha caído en el olvido ante expectativas que también traducen la lacerante debilidad del sistema institucional. Porque para remover o traducir a la justicia a un funcionario ineficiente o que ha incurrido en irregularidades no se tiene que esperar una fecha determinada.

El comportamiento que se observa a 163 años de la gesta indica que la nación requiere de profunda restauración de sus principios y valores que sitúe la Patria por encima de intereses personales. En fechas tan significativas como la de mañana las coordenadas no apuntan en otra dirección.

Profana y desprecia el valor y el sacrificio de  los restauradores, así como su inestimable legado histórico, que las expectativas de cambios en el gabinete maticen la víspera de un acontecimiento político tan relevante. Esa crisis forma parte de ese conjunto de factores que desalientan sobre el futuro inmediato de la nación

Si la sociedad anda como anda se debe que el ideal restaurador no ha sido rescatado ni imitado.

El Nacional

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