Opinión

Iglesia y comunidad

Iglesia y comunidad

Es enorme y creciente el interés por las comunidades pequeñas en el catolicismo de hoy. Hasta los movimientos apostólicos más veteranos se están exigiendo evolucionar hacia “comunidades” y dejar sus “grupos” o equipos. Así lo mostró el Movimiento Familiar Cristiano (1948) en su recién terminado primer encuentro zonal (Colombia-Panamá- Venezuela y R. D.) al declarar gran urgencia pastoral propia la estructuración en comunidades familiares de base.

Dentro del mismo Plan Nacional de Pastoral de la Iglesia Dominicana la prioridad “comunidades” ha sido una de las más dinámicas. Se tuvo, un encuentro nacional con los miembros de las comisiones diocesanas de la prioridad “comunidades”. En ese encuentro se descubrieron y aprobaron tres líneas de comunidades existentes en la Iglesia Dominicana a nivel nacional: C.E.B. Catecumentales y S.I.N.E.  

Luego, a finales de junio, se reunieron los delegados de las 8 zonas pastorales de la arquidiócesis. Y también coincidieron en resaltar y aprobar esas mismas tres líneas o modelos de comunidades para las parroquias arquidiocesanas. ¿Estará con esto bien abordado y solucionado el quehacer pastoral de la evangelización y renovación de la Iglesia Dominicana? ¿Se identifica plenamente la iglesia con esa estructura pastoral?.

El Tercer Sínodo Mundial (1974), que se ocupó de la evangelización, al vincularla  estrechamente con las comunidades, hace dos salvedades: 1) que las comunidades “pequeñas” florecen un poco por todas partes en la Iglesia, y se diferencian bastante entre sí aún dentro de una misma región, y mucho más de una región a otra…2) Que no se pueden creer “jamás el único destinatario o el único agente de evangelización, esto es, el único depositario del Evangelio; sino que…aceptan que la Iglesia se encarna en formas que no son las de ellas;” (E.N. n.58).

II.- El Plan Nacional de Pastoral contempla la formación de comunidades cristianas para todos “los niveles de la Iglesia dominicana”. Las centra en la “comunión y participación”. Y las considera como uno de los medios más poderosos para que la Iglesia “transforme” la sociedad en que hoy vivimos (n. 54.3). La vida comunitaria, dentro de la “diversidad de estados, ministerios y carismas”, tiene que ser fruto de la “acción del Espíritu Santo” (n.82).

Para el Plan Nacional existen diversas formas comunitarias. Y las mismas comunidades eclesiales de base presentan “diversas modalidades” (n.83). Pero la forma “genuinamente eclesial” es la que: a) Surja y se desarrolle en la Iglesia: see alimente de sus enseñanzas. b) Esté estrictamente vinculada al pastor. c) Esté integrada a la comunidad parroquial y a través de ella a la diocesana… (n.84).

El Plan Nacional de Pastoral parece conocer sólo un modelo de “comunidad eclesial”: la CEB (n.85). Y en ella tienen que surgir nuevos ministerios y servicios laicales, así como vocaciones al sacerdocio, diaconado y vida consagrada (n.86). Las “comunidades cristianas”, pues, tienen que inspirar una sociedad nueva presentando la “justicia como exigencia de la fe”. 

El Nacional

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