Opinión

¿Igualdad ante la ley?

¿Igualdad ante la ley?

Este país está urgido de llevarse a su propia legalidad. Que exista una estructura normativa que sea algo más que un valioso jarrón de porcelana colocado como adorno inútil en el centro de su hemisferio. Apreciado sólo como alimento de un ego que se sacia con la superficialidad y que mira con desdén la sustancia de las cosas.

 Estamos a la vanguardia en términos de disponer de un impresionante cuerpo legislativo, pero en último lugar de la retaguardia en lo que concierne a la aplicación igualitaria de esa montaña de papeles que al grupito de privilegio sólo le sirve para hacer de decorado en las bien provistas bibliotecas de los leguleyos de influencia que les elaboran las coartadas que los eximen de su rigor.

De esa forma, ninguna nación será jamás desarrollada ni, mucho menos, modelo de progreso. No habrá metro, ni túneles, ni elevados, ni lujosas plazas comerciales, ni millones de celulares, ni computadoras de última generación, capaces de suplantar la vergüenza de constatar que sus ciudadanos se dividen en los de primera y los de última, sin más razones que el lugar que se ocupe en la desvencijada escalera social.

¿Cuál interés tendrá el habitante de un territorio con esas características que no sea pagar el precio requerido para trepar a los lugares cimeros de esa pirámide que apenas ofrece trocitos de pan y circo mediocre para quienes tienen el infortunio de estar ubicados en la base de esa prisión sin barrotes visibles?. Es en esa realidad desgarrante donde habrán de encontrarse las causas de tanta emigración arriesgada, de una criminalidad en ascenso, de un lavado de activos más y más poderoso y de una inseguridad que no cesa de crecer.

La irresponsabilidad de darle de lado a esas circunstancias aniquilan las posibilidades que podían quedarnos de cohesionarnos como nación en torno a un proyecto común que nos empuje hacia delante, no como pobrísima consigna electorera, sino como certeza irrefutable.

Esta es una sociedad deshecha, con la agravante de que muchos despiertan ante la pesadilla cuando la padecen en sus propias alcobas.

Acontecimientos recientes estrujan en la cara social que la institucionalidad opera en función de los destinatarios. Hijos de personalidades involucrados en procesos por hechos delictuosos.

Sólo ha resaltado su filiación, en un intento de condicionar la justicia.

Falsos pregoneros del imperio de la ley no postulan por su aplicación. Presionan, recordando linajes de protagonistas. Estamos fracasados.

El Nacional

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