El proyecto de ley aprobado por los diputados, que permitiría la importación de vehículos con hasta siete años de fabricación uso, en un país donde las calles están llenas de chatarras, es una oportunidad que se ofrece a la clase media y empleados de ingresos promedio para tener un automóvil, con el que, además de trabajar, sirva para transportarse de manera segura.
A cada momento vemos familia completa sobre una motocicleta, o en chatarras de carros que datan de las décadas de los años 70 y 80, pero con esa ley tendrían la oportunidad de cambiar su medio de transporte y contribuir con la descontaminación ambiental.
Tenemos 1 millón 500 motocicletas, según estadísticas de la OTTT, que es más que los otros vehículos de motor que circulan en el país, al tiempo que desde el Darío Contreras reportan que el mayor gasto de ese hospital es en atención a motociclistas accidentados.
Creo que vale la pena defender la conversión en ley y finalmente la promulgación del proyecto que permitirá que al menos 200 mil dominicanos puedan cambiar las motocicletas por carros seguros.
Algunos de los que se oponen al proyecto argumentan el elemento contaminación, olvidando que esto no tiene que ver con el modelo del vehículo sino que obedece a que tenga un mantenimiento adecuado.
El precio al que se venden los vehículos nuevos es prácticamente inalcanzable para una clase media que, con las nuevas medidas impositivas, se torna cada vez más pobre, por lo que la única solución con la que el presidente Danilo Medina puede resarcir los daños que provocará a ese sector de la sociedad la reforma fiscal es promulgando un ley que ofrezca la oportunidad de adquirir un vehículo de cinco, seis o siete años de uso en el extranjero.
Estoy seguro que esa medida provocará una baja en el precio de los vehículos nuevos y usados, además que garantizará el sustento de miles de familias que viven de ese negocio y ofrecerá la oportunidad a otras tantas familias de disponer de un vehículo, que no sea una motocicleta.

