Impuestos celulares



En la dinámica actual del comercio internacional los aranceles aplicados a las importaciones han visto reducido su rol de una fuente importante de recaudación por parte de los Estados, a simples medidas proteccionistas para la producción interna o de retaliación a prácticas anticompetitivas de otros países. Es por ello, y con sobradas razones, que sorprendió la medida administrativa de la Dirección General de Aduanas de aumentar el arancel aplicable a los teléfonos móviles con un propósito puramente recaudatorio.

El cobro por aranceles representa menos del 25% de las recaudaciones realizadas por las Aduanas y apenas un 5% de las recaudaciones totales del Estado, de estos, a su vez, los aranceles sobre las importaciones de celulares representan apenas una fracción, por lo que el aumento no va a implicar un aporte significativo a las necesidades fiscales del país.

Más aún, la República Dominicana no tiene una producción nacional de teléfonos móviles que proteger, ni está respondiendo a una práctica anticompetitiva por parte de otro país. De hecho, no existe ningún beneficio aparente no solo para el aumento, sino para la existencia misma de un arancel sobre los celulares para un país que no produce tecnología y cuya economía cada vez más la demanda.

Yendo más allá del arancel, nuestro país debe seriamente reconsiderar todo el látigo impositivo con el que ha venido azotando a las telecomunicaciones desde que le creyó como la gallina de los huevos de oro en los años 90, y que ha sido soportado con todo rigor por los consumidores, en detrimento del desarrollo tecnológico del país.

El Impuesto Selectivo al Consumo aplicado a las telecomunicaciones es inaceptable, la Contribución al Desarrollo de las Telecomunicaciones debe pasar de los usuarios hacia las telefónicas como ya ocurre en otros sectores regulados, el ITBIS aplicable a este servicio debe ser visto bajo el mismo criterio que el de los servicios básicos al que accede la población, y los aranceles a cualquier tipo de tecnología asociada al mismo deben desaparecer.

Lenta, pero seguramente, el país ha venido creando una economía que depende de las telecomunicaciones para sostenerse, y el Estado se ha venido beneficiando de ese crecimiento con mayor dinamismo económico y más recaudaciones.

Para que la economía “en línea” de nuestro país siga creciendo, la accesibilidad a esta por parte de todos los dominicanos es crítica.

Las pérdidas que derivarían de constreñir el crecimiento de esa economía a base de impuestos y aranceles nunca podrán ser compensados por los pocos pesos que se recaudan actualmente.