Opinión

Incógnita en el aire

Incógnita en el aire

No todo está dicho, a pesar de lo mucho que se ha hablado, sobre el deplorable espectáculo protagonizado por el procurador general de la República, Jean Alain Rodríguez, contra la juez Miriam Germán Brito durante la evaluación del Consejo Nacional de la Magistratura a los miembros de la Suprema Corte de Justicia que aspiran permanecer en sus puestos.

Pudiera ser bastante que nada más que el jefe del Ministerio Público haya violado, como se ha documentado, la normativa del órgano que realiza las entrevistas como uno de los pasos para medir las condiciones de los concursantes, pero el desaguisado no despeja la interrogante que dejó en el aire la juez en alusión a Rodríguez.

El panorama tampoco se aclara con la autorización urgente solicitada a un juez para interceptar un número telefónico de una persona que llevaba cinco días muerto y que resultó ser el de la magistrada. Esa persona, de quien se sospechaba estaba ligada al narcotráfico, fue la que se señaló, con marcado énfasis, como constructora de una “villa” de Germán Brito en San José de Ocoa.

El caso es que sobre una comunicación en que el juez José Gregorio Bautista Vargas acusa a Germán Brito de interceder a favor de los imputados por narcotráfico Winston Risik Rodríguez y Nelson Risik Delgado, la magistrada, en su respuesta, dejó caer una bomba de efectos perturbadores. Tras negar las imputaciones de Bautista Vargas, a quien por cierto Estados Unidos le canceló el visado a raíz del proceso que cita, Germán Brito señaló que carecía de fortuna personal, sentenciando “y si esto fuera de doble vía (el sistema de evaluación), también hablaríamos de usted (del procurador Rodríguez)”.

Lejos de responder o emplazar a la magistrada a que exponga el secreto oscuro que entraña la afirmación, el jefe del Ministerio Público ha optado por un silencio suspicaz. Tampoco a nadie se le ha ocurrido reclamar una investigación al estilo Perú, donde el procurador Pedro Chávarry tuvo que renunciar al conocerse que había apartado a dos fiscales especiales en el caso Odebrecht para beneficiar a políticos y empresarios envueltos en la trama.

A ese mismo Chávarry se le atribuye haber bloqueado una pesquisa en su contra por formar parte de una presunta red de corrupción denominada los “Cuellos blancos del puerto”. La cabeza de la supuesta trama era el juez de la Corte Suprema, César Hinostroza, quien renunció y huyó del país.

El silencio no es la respuesta a las insinuaciones de Germán Brito sobre un secreto de Rodríguez, no de su vida personal, sino de su vida pública. De ser anónima podría relacionarse con las “fakes news” de la historia, pero la alusión ha salido de un juez elevado a la categoría de símbolo de responsabilidad y probidad. No es cuestión de morbo.

El Nacional

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