NUEVA YORK .AP. En un espacio de 24 horas, Félix Hernández pasó de ser un orgullo nacional a un paria y egoísta pelotero que por el dinero no se atreve a defender los colores de Venezuela en un campeonato internacional.
Equivocada. Injusta. Desproporcionada. Así se podría tildar la reacción en contra de la determinación del Rey Félix de no lanzar por Venezuela en el Clásico Mundial de Béisbol.
Lo que hago lo hice por mi familia, así si quieren seguir escribiendo tonterías, háganlo, pero ustedes no saben por lo que estoy pasando, salió a escribir Hernández en su cuenta de Twitter para tratar de apagar el fuego desatado.
Y es una decisión que está completamente justificada, ahora que el derecho está a punto de pactar el contrato más lucrativo de un pitcher en la historia de las Grandes Ligas. Después de todo, son los Marineros de Seattle, y no la selección venezolana, los que le pagarán unos 175 millones de dólares por los próximos siete años de su carrera.
Aquí el problema radica en la ilusión, que se ha germinado en la región beisbolera de Latinoamérica, de que el primer compromiso de un jugador profesional de Grandes Ligas es con una selección nacional.
Mariano Rivera puede ser considerado como el mejor relevista de todos los tiempos, pero en su natal Panamá siempre le echan en cara el haber declinado participar en el Clásico Mundial para darle prioridad a los Yanquis de Nueva York.

