Un hombre y una mujer que llevan ocho meses residiendo debajo del elevado de la intersección de las avenidas Abraham Lincoln y John F. Kennedy, clamaron este domingo por una ayuda de las autoridades para abandonar la zona y habitar una vivienda decente.
Claritza Feliz narró a El Nacional que dijo tener 6 hijos, uno de los cuales vive donde su tía, y otro con una abuela, explicó que se le quemó su casa en Galván, Neiba, hace un año, lo que la obligó a trasladarse a la Capital, donde lava y bota basura en los alrededores para sobrevivir.
Dijo que también ayuda a vender lentes durante el día para ganarse la vida, pese a estar operada de una úlcera péptica.
Dijo que de sus 6 hijos, dos viven en Puerto Rico con su papa, pero por su condición de menores no la pueden ayudar.
Recordó que hace un tiempo empleados del ayuntamiento le llevaron los cartones.
Por su parte, Porfirio Saviñon (Plinio) oriundo de Constanza- quién estaba acompañado de su hija Lesley, a quien llevó a la zona para que vea las condiciones en que vive.
Sin ninguna vergüenza confiesa que se dedica a bucear, es decir, busca objetos que tengan algún valor en los zafacones de los residenciales de los ricos, recoge botellas de vidrio y envases plásticos, ropa y otros objetos que vende a los haitianos en Villa Consuelo.
Se quejó de que aunque la Policía no los molesta, los empleados del Ayuntamiento del Distrito Nacional les desbaratan sus casas y le llevan los cartones.
Recordó que subsistía lavando carros y vivía con su mamá, a quien daba lo que conseguía, y hasta sacaba el diezmo para entregarlo a una iglesia evangélica a la que asistía.
En ocasiones su madre no estaba conforme, con lo que le entregaba, una de las causas que lo obligaron a tomar la calle, donde dice que no hace lo mal hecho, mientras bucea y se la busca honradamente.
Tanto Claritza como Plinio se alimentan de los desperdicios de comida que botan en la Plaza Diamond Mall, y agregan que son humildes y esperan que alguien se decida a ayudarlos.
Ellos se consideran marginados de la sociedad, pero aseguran que no hacen daño, y destacan que en las noches alertan a empleados de la tienda Ikea que pasan en la oscuridad. Conviven con una perrita a la que llaman Loquilla que ha parido 6 cachorritos.
Hay más…
El uso para vivienda o comercio de los espacios que hay debajo de los elevados se ha convertido en una práctica común en el país.Basta con echar una mirada a los de la París o el que se encuentra en la entrada del puente Duarte.

