La sociedad no puede quedarse inmóvil. Tiene que reaccionar como demandan las circunstancias. No es posible tanta corrupción, tantos crímenes y delitos, tanta falta de valores, sin que nadie haga ni diga nada. Esta sociedad está cada vez más podrida. Y la gente no reacciona. Los grupos económicos poderosos parecen estar a gusto creyendo que ganan. No nos damos cuenta de que todos estamos perdiendo. El país no se nos ha ido de las manos. Las autoridades gubernamentales también creen que ganan con la desvergüenza social que han patrocinado.
Hemos perdido, como sociedad, la capacidad de indignación y de reproche. Esta sociedad está integrada por individuos, no por ciudadanos.
El individuo piensa en sí mismo. El ciudadano, en cambio, actúa en función de sí y de los demás. Tiene una conciencia colectiva, social, integracionista. En esta sociedad de individuos, cada quien que se arrope hasta donde la sábana le alcance, que cada quien resuelva como puede.
Si no tiene luz, compre una planta o un inversor. Si le falta seguridad, contrate un policía privado; si no funciona el transporte público, compre un carro o un motor; si no hay agua, haga un pozo o cómprela. Si no funciona el sistema educativo, inscriba sus hijos en un colegio o una universidad privada. Si no puede ir a un hospital, vaya a una clínica. En vez de socialización de los problemas sociales como en todos los países desarrollados o en vías de desarrollo, aquí los hemos individualizado.
Y en medio de la corrupción más grande que ha conocido la historia del país, el Presidente va al extranjero a decir que no es verdad, que en su gobierno no hay corruptos, que los recursos del pueblo no se despilfarran. Si eso no es una burla, si no es un acto de cinismo, si no es un incentivo al nepotismo, al robo y a la prevaricación, que alguien me diga cómo se llama. ¿Qué nombre le pondremos? El Presidente se destapa con esa perla de que en nuestro país no hay corrupción, que se trata de un plan mediático para desacreditar y acorralar a su gobierno y a su partido, y nada pasa.
Sabemos que se burla de todos, que se ríe por dentro, que goza porque se sabe dueño y señor de los medios de comunicación y de una buena parte de los llamados líderes de opinión. Sabe que en su gobierno la corrupción se detiene en la puerta de pocos despachos; sabe el señor Presidente que muchos de sus ministros se enriquecen a costa del erario; sabe el señor presidente que el narcotráfico le pisa los talones. Lo sabe todo el señor presidente… Pero no hace nada… El que calla otorga, y el que otorga, traiciona.
